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Por un lado, los cholos, los desposeídos, por otro lado y con todo un Atlántico de por medio, el naciente Tercer Reich, Nazi, con Austria (país natal de Adolf Hitler) semi anexionada, y con el instinto obsesivo de Hitler de demostrar ante todo, y por encima de todos, la supremacía de la raza aria.

Estamos en 1936, en los Juegos Olímpicos de Berlín, y no solo sería Jesse Owens, rompiendo records en 200 metros y arrasando oros (4) en estos juegos, quien echaría al suelo el sueño de la consagración de la supremacía aria de Hitler.

Austria se enfrentaba a Perú, el 8 de agosto de 1936, para definir paso a semifinales de la competencia de futbol en el marco de los XI Juegos Olímpicos Modernos, por ninguna razón del mundo, un grupo de cuasi indígenas inadaptados iban a derrotar a la tierra natal del Fuhrer.  

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La delegación peruana, aquel equipo sin olvido, era apodado "El Rodillo Negro", por su condición arrolladora y por el color de la piel de varios de sus integrantes.

Los años treinta fueron de gloria para el fútbol peruano. Participó del Primer Mundial, disputado en Uruguay en 1930; ganó una de sus dos Copas América (en 1939, como local en Lima) y los Juegos Bolivarianos de 1938. Pero aquel partido ante Austria resultó un hito, "la historia de una dignidad", al decir de Eduardo Galeano. Era la época de "El Rodillo Negro", bautizado como tal en 1935 tras una gira de Alianza Lima por Chile.

 Inicialmente, era el apodo de la delantera conformada por José María Lavalle, Adelfo Magallanes, Lolo Fernández, Alejandro Villanueva y José Cholo Morales. De ellos, Lavalle, Magallanes y Villanueva eran negros. Los dos últimos estuvieron bajo el cielo de Berlín ante Austria, en nombre de otra epopeya. Entonces, en días de la propaganda nazi, nada podía molestar más que el éxito de ellos en unos Juegos Olímpicos organizados para demostrar la pretendida superioridad aria.



Aquel capítulo deportivo que habita en la memoria popular del Perú se disputó en el estadio Hertha, de Berlín, el 8 de agosto de 1936. Los sudamericanos se ganaron un lugar en las semifinales al imponerse por 4-2, luego de un arduo recorrido y tras remontar un 0-2 al cabo del primer tiempo.

Pero hubo un reclamo austríaco. Decían ellos que habían sido agredidos por hinchas peruanos que habían invadido el terreno de juego. El detalle, más allá de versión oficial de la FIFA, parece curioso dentro de aquel contexto: en los días de Hitler (nacido en Braunau Am Inn, en tiempos del Imperio Austrohúngaro) aquella osadía de los simpatizantes peruanos se parecía demasiado a un imposible. (Simpatizantes peruanos en Berlín ? En 1936 ? llegar en barco, básicamente al otro extremo del mundo, para agredir a los austríacos qué solo cruzaban un frontera ? Cuantos habrán sido los cholos ? 2 o 3?).

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Sucede algo contradictorio en la versión oficial de la historia: la denuncia austríaca señala que las agresiones se produjeron entre el final del tiempo reglamentario y el inicio del suplementario. Sin embargo, sus futbolistas participaron del alargue sin quejas. Y en ese lapso llegaron los dos goles de la victoria sudamericana. Pregunta inevitable: ¿por qué no hubo protestas en el momento de las presuntas agresiones?

Otro dato curioso es el que giró en torno a Adolf Hittler. Las versiones que nos contaron nuestros 'abuelitos' (y que se siguen contando en muchos lados) indicaban que el 'Fuhrer' fue el que obligó a repetir el partido porque no soportaba la eliminación de su país natal. Sin embargo, esta versión pierde credibilidad en la medida que el día anterior, Alemania perdió 2 a 0 ante Noruega y se fue del campeonato sin ningún problema.

La FIFA les dio lugar a las broncas austríacas. Se concertó una reunión para las 9 de la mañana del día siguiente. Y según el documento oficial, los dirigentes peruanos llegaron recién a las 11, cuando la sesión ya se había levantado. Sin escuchar la versión de los peruanos, se decretó la repetición del encuentro para el lunes 10 de agosto.

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Para evitar ese atropello, Perú se retiró de la competición, a pedido de su Gobierno militar, a cargo del general Oscar Benavides. Y Austria accedió a las semifinales, a pesar de la humillación que habían sufrido en el campo de juego. Ya en esa instancia, el país de Hitler venció 3-1 a Polonia. En la final por el oro, Italia le ganó 2-1 en tiempo suplementario y se consagró. Benito Mussolini -líder de Italia- y Hitler, de algún modo, se colgaron las dos medallas más valiosas.




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