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Toda ciudad encierra, relatos, mitos urbanos y hechos históricos, reales, sucedidos hace tanto tiempo, que terminan convirtiéndose en leyendas. Barracas, es un barrio del sur de la ciudad de Buenos Aires, allí se encuentra aún hoy, la “Casa de los Leones”.

La Casa de los Leones

Esa casa fue adquirida por Eustoquio Díaz Vélez, uno de los hombres más ricos de fines del siglo XIX, había hecho dinero gracias a las curtiembres, industria del cuero, que daban nombre a una calle de Barracas, hoy llamada Montes de Oca.

Si bien este hombre era muy conocido en la ciudad, quién llevó el apellido a la historia Argentina fue su padre, el general Eustoquio Díaz Vélez; este hombre luchó en las guerras de la Independencia, hasta llegar a ser el segundo del general Manuel Belgrano.

Eustoquio Diaz Velez

Eustoquio hijo, supo aprovechar la fortuna heredada e hizo crecer la misma en forma hábil y sostenida. Sin embargo, este hombre millonario era muy extravagante, y ello es el tema que nos lleva a hablar de la leyenda de la Casa de los Leones.

Su casa estaba muy alejada del centro y temía que por la noche algunos moradores entraran para robar; si bien lo común era abastecerse de perros guardianes, Díaz Vélez sentía pasión por los leones, es por ello que mandó a traer tres de estos felinos africanos para que cuiden el hogar.

Los animales estaban sueltos por el jardín por la noche y durante el día de los dejaba en jaulas que estaban debajo de la casa pero se ingresaban por una escalera exterior. Cuando había eventos nocturnos en la mansión, los leones quedaban en sus jaulas para que no ocurriera ningún accidente con los invitados.

Casa de los Leones 1

Se arma boda !

Una de las hijas de Díaz Vélez se enamoró de un joven que también pertenecía a una familia de hacendados. Los dos estaban tan enamorados que decidieron comprometerse. El padre estaba muy feliz con la novedad, no solo porque compartían la misma actividad económica, sino también porque conoce a la familia del pretendiente y eran amigos desde hace tiempo.

Era verano de 1870, las fiestas de compromiso se organizaban en la casa de la novia; por ello don Eustoquio se encargó personalmente de los preparativos del evento. Era su primera hija en casarse y quería hacer una gran fiesta, invitó a muchas familias del barrio y a sus conocidos de todos los rincones de la ciudad.

No solo eso, también mandó a traer a todos los capataces y peones de sus estancias, pues quería compartir con ellos su felicidad; su hija estaba feliz!

Como era costumbre, los leones estaban encerrados en sus jaulas, no podía dejar a los invitados a merced de la voluntad de estos felinos. Sin embargo, un error humano, dejó una jaula mal cerrada; el león movió la puerta y ésta se abrió posibilitando la huida del animal.

La fiesta era monumental y había tanto jolgorio que nadie se dio cuenta del escape de uno de los leones. De hecho el animal salió con mucho sigilo del lugar logrando eludir la seguridad del lugar.

Avenida de Mayo Buenos Aires

Se ha escapado un león !

Es en ese instante, el león sale de unos matorrales que había en la medianera de la casa, “tranquilos todos, dice Don Eustoquio, el animal está acostumbrado a andar entre la gente. Ignórenlo, no ataca a nadie”,

Dicho esto, el león toma impulso para abalanzarse sobre el novio. Mientras el hombre luchaba contra el gigantesco animal y gritaba de desesperación, su novia y los invitados miraban consternados el suceso. Nadie sabía cómo reaccionar.

Don Eustoquio se dirigió a su despacho y tomó una escopeta que utilizaba para cazar animales en el campo. La cargó y desde la ventana apuntó y con mucha certeza derribó al animal, matándolo en el acto.

Era tarde, el novio yacía destripado y muerto en el jardín víctima de las garras y colmillos del león. La fiesta pues, había terminado en tragedia. La novia enviudó antes del altar.

La familia del novio culpó a don Eustaquio por su muerte, ya que no entendía cómo podían tener en su casa animales salvajes y carnívoros. Pero para desgracia del dueño de la casa, su hija también lo encaró y lo maldijo, ella quedó con el corazón destrozado, pues el único hombre que había amado fue muerto por uno de los animales de su padre.

Casa de los leones 2

La tragedia de la familia de don Eustoquio se profundiza más cuando la joven Díaz Vélez decide quitarse la vida porque no soportaba más convivir con el dolor de haber perdido a su amado. Luego de enterrarla, don Eustoquio cae en una profunda depresión y se encierra en su habitación, pasando la mayor parte de los días allí.

Algunos cuentan que –en un estado de locura- el hombre decide sacrificar a los leones para recuperar a su hija. Pero la pasión por estos animales continuaba en Díaz Vélez, por ello decide hacer monumentos de los leones y colocarlos en el jardín. La extravagancia llega a tal punto, que una de las estatuas es un león atacando a un hombre que lucha contra las fauces del animal.

 
 

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