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Cuando el siglo anterior no era tan viejo, sino que era setentón nada mas, la amistad nos unía y eran años de sol y bicicletas y ser dueños del pasaje y del parque...

 

Cuando el primer cigarrillo a escondidas era una proeza, el primer beso robado a las niñas del Instituto, una falsa señal de hombría y heroísmo, las bicicletas recostadas contra el muro de Don Ariel y las platicas de sexo eran clandestinas, pero no tanto como aquel brindis tan nuestro, tan particular ...

Porque la cerveza en botellón de litro era cara para nosotros, pero no tan cara como comprar seis de 175 ml, algo inalcanzable para nuestros infantiles bolsillos ... pero además, la Coca Cola estaba en todas nuestras casas, sin falta, por lo cual, rotativamente, era fácil robársela  y nadie daba mucha cuenta de ello ...

Por lo cual las rondas de bicicletas contra el muro, el humito de un cigarrillo compartido que invadía la tarde, las fotos porno robadas a algún hermano mayor, los comentarios de futbol y la cerveza rebajada con Coca Cola, eran nuestro escenario de tardes de pueblo chico e infierno ... chico también.

No había mucho de que preocuparse, las novias rotaban de galán en galán, como un gesto solidario (en noviembre vos amarrás con la Mariela y en diciembre sigo yo) ... todo era importante, pero nada era trascendental ...

A no ser nuestra primera visita donde la Maruja, patrocinada por los hermanos mayores, que nos mandaron en tropel, cinco doncellos al matadero, y para agarrar valor ... cerveza rebajada con Coca Cola.

Mas héroes que nunca, frenillos perdidos y prepucios colorados, nadie se atrevía a decir que no había podido hacer nada, nos habíamos imaginado aquellas bellezas que veíamos en las fotos porno y terminó resultando una señora gorda que nos había tocado en suerte.

Era más fea que la mujer de don Nicolás, el del puesto del mercado y apestaba más que las cebollas y ajos de Don Nicolás en tarde de verano, cuando el olor a bacalao seco mandaba todos los aromas al infierno ...

Pero éramos héroes, héroes locales, de barrio chiquito, de sueños ínfimos... las niñas nos miraban con cara de asco en un principio y con curiosidad malévola después ....

Para celebrar la perdida de la doncellez, cerveza .. rebajada con Coca Cola ...

Hoy el siglo ya es otro, no es el mismo, ni siquiera es tan setentón como el anterior, apenas empieza ... hoy he vuelto al barrio de infante ...años después de haberme marchado … me siento en una mesa de un café … a tratar de reconocer ….

Pero el muro de don Ariel ya se cayó.

Ya no hay bicicletas.

Donde Don Nicolás, hay un shopping center de vidrio.

Las niñas del Instituto ya parecen señoritas desarrolladas y muy poco inocentes, a diferencia de entonces.

Solo lo de la “Maruja” ha cambiado, hoy es barra show, con cualquier cantidad de carros parqueados a toda hora y rótulo luminoso.

Las niñas de nuestros sueños, Mariela, Graciela o Solange deben ser una de esas señoras gordas que hoy barren las aceras de sus casas ...

Antes de derramar un par de lagrimas en honor a la nostalgia, me interrumpe el mesero,  “Qué desea tomar ?”

- Traeme una cerveza... ah ! Y una Coca Cola también.

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© Daniel Rucks 2017