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45002 red riding hood pPues por burdo que parezca (*), se realizó un seminario en la prestigiosa Universidad de Princeton, Estados Unidos, acerca del tema "Sociedad y cuentos de hadas".

En un principio pensé que debió haber sido muy gracioso encontrarse a sabios sociólogos, solemnes antropólogos, enigmáticos psiquiatras, gramáticos profundos, historiadores desvelados y comunicadores de alto boato y IQ discutiendo sobre Caperucita Roja y el Lobo.

Pues atacaron a la tal Caperucita por todos lados, marxistas y capitalistas, vanguardistas y liberales, se preguntaron sobre la actitud desafiante del cazador y si a abuelita era tan tierna como la ternura que inspiraba … se llegó a la victimización total, basada en la conservación de las especies … del lobo.

Hete ahí que la conclusión del seminario fue interesante, llegaron a redactar el cuento de Caperucita Roja que Mamá Loba le habría contado a su hijo lobito … para ser equitativos.

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No sé cómo ni por cual conducto, pero el manuscrito original, apareció enrollado en el tubo de escape de mi automóvil, seguramente, alguien tenía la sana intención de hacerme reventar …pero lo vi antes, y aquí lo transcribo:

Versión lobuna de Caperucita Roja

Había una vez un lobito muy inteligente e inquieto que vivía con sus padres en el bosque. Su madre le había advertido muchas veces que no saliera de la cueva antes de que cayera la noche, porque podía tropezarse con algunos hombres que le hicieran daño; la zona del bosque ya era territorio de pandillas y ni la PNC ni el Ejército se animaban a hacer presencia.

Pero el lobito, aunque sagaz, era muy desobediente y, sobre todo ya había llegado a un acuerdo con las clicas de cuanto aportar por pasada y lo pagaba al mes, con bonos de deuda de la Reforma Agraria. Adoraba el olor de las flores, la sombra fresca que proyectan las ramas al mediodía y el canto de los azulejos. De manera que, tan pronto como Mamá Loba se sentaba a ver la telelobela (o sea los lobos no ven “telenovelas”, son bestias inteligentes), y aprovechando que Papá Lobo se hallaba en la gerencia de la mina de esmeraldas cercana en la cual daba empleo a varios animalitos del bosque , el lobito salía a hurtadillas de su casa.

Lobofeliz

He aquí que una mañana, cuando caminaba por un claro del bosque, se dio de trompa con un ejemplar de la temida especie humana, y no era de los de su “barrio”. Lleno de pánico esperó el disparo con los ojos cerrados, pero a los pocos minutos se percató de que aquella niña vestida de rojo, no era tan niña, era una mujer hecha y derecha, breve de estatura, que lo miraba con mirada perniciosa pero que no le haría daño, se limitaba a observarlo con curiosidad. Lobito trabó conversación con ella y al cabo del rato la mujer llamada Caperucita, por necesidad de catarsis, le confesó que acudía a casa de su abuelita con pasteles envenenados porque la señora había desheredado a sus padres.

En vez de regresar a casa como era lo prudente, lobito prefirió indicarle a Caperucita el camino, para darle protección contra las pandillas, mientras él tomaba un atajo para advertir a la anciana. Es que lobito tenía un corazón muy grande.

Llegó, pues, primero que la despiadada nietecita a la casa de la abuela y alertó a la señora sobre el atentado que pretendía realizar Caperucita, cuando escucharon que ésta golpeaba a la puerta.

Atemorizada, la abuela quiso esconderse en algún rincón oscuro; no hallando nada más oscuro que la boca del lobo, se deslizó por las fauces del lobito y se refugió en su estómago.

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El lobito tenía una boca muy grande. Enseguida se echó encima un gorro de la abuela antes de que entrara la malvada Caperucita. Se aproximó al lobo disfrazado de abuelita y muy pronto entró en sospechas.

"Qué orejas tan grandes tienes", le comentó.

"Son para oírte mejor", respondió el lobo.

"Y qué manos tan grandes tienes", agregó la joven.

"Son para acariciarte mejor", se alborotó la libido del lobito.

"Y qué boca tan grande tienes", observó Caperucita. La joven, inquisitiva, alcanzó a ver en la garganta de lobo los ojos aterrados de la abuelita y, perdiendo toda compostura, agarró el pastel envenenado y se lanzó en busca de la anciana por la boca abierta.

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En esos momentos pasaba un cazador que, escuchando el alboroto, entró a la casa. Y el sanguinario personaje, apenas vio a lobito, atacó armado de filoso cuchillo y le dio muerte con el fin de utilizar su piel para una alfombra pie-de-cama. Cuál no sería su sorpresa cuando de la barriga del lobito asesinado saltaron la abuela y Caperucita agarrándose a pastelazo limpio, las detuvo. Éstas, por proteger la imagen de la familia, callaron la verdadera historia.

Esa noche Mamá Loba y Papá Lobo esperaron inútilmente el regreso del lobito; y siguen aguardándolo con una llamita de ilusión, porque no captan la honda crueldad del corazón humano.

Simplemente lo hicieron registrar como desaparecido.

 

 

(*) El estudio en Princeton es cierto, 1974. El resto es invento mío.

 

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