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 Hay una verdad irrefutable: la droga tiene un poder destructivo feroz. Es una bomba de fragmentación en el corazón de cualquier país. Es el peor veneno que puede circular por las venas abiertas de una sociedad.

 

Es un tema tan grave y profundo que tiene muchas aristas.
Una es la historia de Ramón, que les quiero contar ...


Digo esto y no puedo creer lo que digo: Ramón tiene apenas 16 años, es un muerto en vida y un asesino en potencia. Así de brutal. 16 años... un muerto en vida y un asesino en potencia. Ramón pasa derrumbado, muerto, respirando apenas, en las cunetas de la Arce, a inmediaciones de la Tecnológica, sube hasta el Rosales, baja, busca ... el crack suyo de cada día.


Tiene los ojos chiquitos, las uñas llenas de suciedad, los pocos dientes que le quedan, llenos de caries . Le pregunto qué le pasa y me dice que nada. Nada de nada. Su voz es un hilito y casi no tiene fuerza para levantarse. No tiene olor a alcohol. Su cuerpo es un despojo. Es piel y hueso de verdad. Se mueve en cámara lenta y me pide "1 bola para la birra", y yo sé que es mentira.

 


- Es para el crack - le digo yo.
- "Si jefe, para la piedra, jefe, no aguanto más jefe. Dame un bola."


La verdad es que no sé qué hacer. No tengo miedo, porque está tan débil que con un empujón me lo saco de encima. Pero quien sabe si tiene una navaja o un revólver, debe matar o morir, es la ley del desposeído, del adicto, del "transas", del centro.


El problema es que detrás de la media muerte de Ramón medio vive toda una industria de narcomenudeo, "dealers" y pandillas, lancheros y camiones, y los dueños de toda la industria, gente con enormes sumas de dinero, que usan testaferros por lo general y la política para obtener fueros.

Pero Ramón, al obtener un bola para la piedra, no se convierte en sobreviviente, es un "sobremuriente" del crack.
Es un integrante de ese ejército de fantasmas degradados por la marginalidad y el crackmaldito que forman 180 mil salvadoreños.
Es la peor adicción de todas. Es tan incontrolable la necesidad que tienen, que casi de inmediato salen a robar lo que encuentran. Y si alguien les hace frente son capaces de asesinarlo. Y si no le hacen frente, también. Matan antes de morir.


Sigo con Ramón: se pondrá violento en un rato. Nada lo calma. Solo la piedra y por media hora. Tiene 16 años pero parece mucho más. Su cara de niño que fue, tiene rasgos de viejo que ya es.


Hay 180 mil "ramones" dispuestos a matar y a morir por el crack. Qué estamos esperando los salvadoreños para reaccionar?
Qué están esperando los gobiernos (los de antes y los de ahora, para que no jueguen a tirarse la pelota) para atacar a este enemigo de todos que es la droga?

 

Acaso tenemos que darle crédito a la idea arraigada de que no se hace nada porque muchos están metidos en el negocio ...?
No me extrañaría en lo más mínimo ....


Y a El Salvador compatriotas, o lo sacamos del hoyo entre todos, o nos hundimos con el.

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