Nuestro principal problema, como seres humanos, habitantes todos de este planeta en común, es que pasamos confundiendo la flor que cuidamos en una maceta con el bosque que no nos rodea … o debería rodearnos, o quizás alguna vez nos rodeó.
Un grupo de científicos tuvo la original idea de recopilar las principales amenazas que enfrenta la humanidad, y presentarlas resumidamente bajo la forma de un reloj haciendo una cuenta regresiva hacia el final, que sería a medianoche. El nuevo ajuste que se presentó hace un par de semanas atrás, muestra que estamos ahora a dos minutos del colapso planetario. Las principales razones se deben a la persistencia del cambio climático, que se profundiza como una de las mayores amenazas planetarias, y al incremento del riesgo de una guerra nuclear por la escalada de conflictos con Corea del Norte.

Esos dos minutos es el registro más bajo de este reloj, y sólo se había indicado una vez: en 1953, en el mayor pico de tensión de la “guerra fría”, cuando tanto Estados Unidos como la Unión Soviética ensayaban las bombas de hidrógeno. En cambio, en el otro extremo, el reloj se colocó en 17 minutos antes del colapso en 1991, la mejor marca histórica gracias a los tratados de desarme entre Estados Unidos y los soviéticos.

El margen de tiempo para actuar comenzó a bajar en los últimos años a medida que quedaba en evidencia la gravedad del cambio climático. El pasado año, se bajó el indicador del reloj a 2,5 minutos por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Una decisión entendible dado que es una persona imprevisible, tiene posturas militaristas, y rechaza el cambio climático (dijo, por ejemplo, que es un invento de China).

Esta evaluación coincide exactamente con el reporte del riesgo 2018 presentado días atrás por el Foro Económico Mundial de Davos. Entre los diez mayores riesgos que se enfrentan en primer lugar están;

El problema del cambio climático persiste, y los procesos en marcha siguen avanzando. Estamos en momentos en que se ha vuelto común que se sucedan los récords de altas temperaturas; el 2017 está entre los tres años de mayor temperatura registrada. Esto arrastra otros récords, como el de pérdida de hielo polar en el Ártico o la sucesión de eventos climáticos extremos (fríos polares, olas de calor, inundaciones, sequías, etc.).
La concentración en la atmósfera de carbono sigue aumentando (alcanzando un récord de 406.17 partes por millón), y allí está el problema que alimenta ese cambio en el clima planetario.

Los gobiernos no han logrado responder con medidas necesarias para enfrentar el cambio climático. Las propuestas de reducciones voluntarias en las emisiones de gases invernadero que deben hacer los países, entre ellos El Salvador, son totalmente insuficientes para detener esta problemática.
La propuesta original nació en 1947, para responder al temor de una guerra nuclear generalizada, la cual generaría el llamado “invierno nuclear”, seguramente acabando con la humanidad tal como la conocemos. La metáfora del reloj permite hacer una evaluación de los riesgos de las tecnologías creadas por la humanidad. En aquellos tiempos, se concluyó que quedaban siete minutos antes del colapso planetario. Los responsables de todo esto se agruparon en una asociación de “científicos atómicos”, ya que muchos de ellos eran técnicos, ingenieros y expertos que participaron del proyecto Manhattan por el cual se construyeron las primeras bombas atómicas en Estados Unidos.

La lógica del reloj del apocalipsis, como es a veces denominado, debe ser considerada con atención. Sus promotores ponen el acento en los riesgos creados por los propios humanos con sus tecnologías. En su inicio, el acento estuvo en la guerra nuclear, pero ahora se le incorporó el cambio climático como otro problema global, y que resulta de un amplio entramado de tecnologías basadas sobre todo en quemar carbón e hidrocarburos. Casi toda la comunidad científica exige un cambio radical para evitar un colapso climático, y que radica en abandonar nuestra actual civilización basadas en el petróleo.
Un desafío enorme.

No es que fuera tan determinante ni tan así como el titulo lo plantea, pero el problema que Luis XVI tenia (que tampoco era tan problemita eréctil) era una fimosis, lo que significa que Luis XVI, el último Rey de Francia pre revolucionaria no era ni homosexual, ni estéril ni nada de lo que se le ha imputado después, simplemente, según el testimonio de su medico francés de corte:
Quedamos en reunirnos con un viejo compañero de la primaria que no veía desde los años ochenta, el “Gordo” Peláez, del que tuve noticias a través de una red social. Nos citamos en un bar, nos palmeamos con cariño falso, pedimos unas cervezas.
Ahora si usted quiere un verdadero prototipo de hijo de puta, Esteban, un real hijo de su madre anote el nombre de Iván Pavlov, fisiólogo …ruso.