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photo 1Poco a poco, aunque no nos enteremos, los últimos vuelos espaciales que van quedando se parecen más al Arca de Noé que a una Estación Interespacial.

 A la perra Laika, primera terrícola que trepó a la estratosfera, la reemplazaron luego otros animales mucho más peligrosos, como chimpancés (Ham, fue un ícono en 1961, más aún, cuando después de dar vueltas como …. Mono alrededor del planeta Tierra, volvió vivo y murió feliz en un zoológico en 1983).

Ham the chimp cropped

Y por supuesto, no podía faltar el más peligroso animal: los seres humanos, incluyendo cubanos, costarricenses y mujeres .Valentina Tereshkova, fue la primera mujer en el espacio a bordo de la  Vostok VI, ínfimo espacio, donde no tenía espacio ni para ponerse rímel, en 1963, muy soviética ella, lo cual recontraencabronó a los USA, porque la carrera espacial entre ambos estaba árida y termina siendo hoy una feliz abuela rusa de 79 años que entre otros defectos, se dedicó después a la política.

valentina

Últimamente los científicos de Estados Unidos tuvieron la brillante idea de incorporar a la tripulación del transbordador espacial una colonia de 3.300 abejas. Para hacer un gesto de
amistad al gobierno del Quirinal (Roma), pese a sus diferencias de color político, la Casa Blanca resolvió que las abejas fueran italianas.

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Los insectos permanecieron en órbita siete días. Un grupo de especialistas aguardaba con ansiedad el retorno de la nave para examinar qué había ocurrido con las abejas. Y lo que pudieron observar fueron dos cosas, una de ellas previsible y la otra absolutamente sorprendente. La previsible fue que, al carecer de jardines el transbordador, las abejas no
consiguieron fabricar miel. De esta manera pudo comprobarse que la miel sí
proviene del néctar de las flores, asunto que de todas maneras, nadie ponía en duda.

La sorpresa fue que las abejas, a pesar de ser italianas, trabajaron incansablemente durante el vuelo. Al abrir los científicos el compartimiento en que viajaban descubrieron que habían construido un panal en medio de total ingravidez. No sé si este hecho admirable sirva para sacar algunas conclusiones acerca de las casas sin prima.

O si sirvió para algo …en caso de que haya servido.

Un hecho poco conocido, y sobre el cual aún no he visto comentarios autorizados en las revistas apícolas, es que de las 3.300 abejas que partieron al espacio, sólo volvieron vivas 3.280. Veinte perecieron durante la travesía. Fueron heroínas del progreso del hombre a las cuales habrá que rendirles algún día el justo homenaje.


Sabían los tripulantes del transbordador la compañía en que viajaban?

Habrían aprobado el experimento?

Qué habría ocurrido si las 3.300 abejas, enfurecidas por la falta de gravedad o por
algún efecto estelar desconocido, resuelven atacar a los comandantes de la
nave?

Y si algún astronauta era alérgico a la picadura de abeja … hasta ahí llegaste Teté !

Estoy seguro de que el viaje apícola se realizó a escondidas de los astronautas. Ningún tipo sensato habría aceptado meterse en un viaje a la Estación Interespacial con 3.300 abejas.

Uno sabe cómo empiezan estas cosas, pero no tiene idea de cómo terminan. La siguiente escena podría ocurrir en cualquier viaje futuro del transbordador:


—Oye, John —dice el Comandante—: obtura las aletas altero-cósmicas para
mantener las antenas en posición U-48.
— Mhhh?
—Sigue las instrucciones que te he dado —insiste el Comandante—. Y
déjate de hacer ruidos al pedorrearte.


Ante las persistentes ventosidades, el Comandante voltea a mirar y descubre aterrorizado un tigre que se relame al pie de la silla del copiloto, mientras se extienden a sus pies los chiros ensangrentados de un traje de astronauta.

En la estación de Cabo Cañaveral, donde han seguido la escena por medio de monitores de televisión, los científicos se abrazan dichosos !  

Han logrado comprobar que los tigres no pierden el apetito en circunstancias de gravedad cero.


Nada de esto sería especialmente delicado, sin embargo, si no estuviese presente el riesgo de algún accidente espacial que conduzca al desembarco de tigres, pulpos, iguanas, avestruces, abejas italianas, pastores alemanes, sapos de tierra caliente o anofeles de pantano en algún planeta de galaxia ajena.

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Ello podría provocar peligrosas confusiones.

Supongamos que una nave poblada de sapos, con los cuales se quiere experimentar la capacidad de croar en circunstancias de ingravidez, se extravía y va a parar a algún lejano mundo. Los habitantes de la estrella pensarán, con seguridad, que el sapo es el rey del planeta Tierra. (Digo, en cualquier galaxia saben que muchos de los Presidentes y Primeros Ministros del planeta son verdaderos sapos).


Procurarán descifrar su lenguaje y sus costumbres; invitarán al sapo más grande a una conferencia cumbre con el príncipe o gobernante máximo del planeta; sapos, sapas y sapitos serán agasajados en Palacio; los entrevistarán en la televisión; saldrán en la prensa; se interpretarán himnos en su honor; habrá desfiles militares para rendir tributo a los batracios; muchas mujeres morirán de amor prendadas de los ojos saltones
del sapo; muchos varones serán presa de la concupiscencia observando las ancas de rana.

Naaaambeee, mejor que cada sapo se quede en su propio charco!

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© Daniel Rucks 2017