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yuiuyiuyiuy77Porque la segunda parte de las espinillas, barros, bigotes que no crecen, barbas que no aparecen, y este período cruel llamado adolescencia, pasa por …el rechazo de las señoritas !

En esa época uno pensaba que era un problema personal. Las señoritass que me gustaban eran de mi edad o mayores. Y a ellas sólo les gustaban los “señores”, unos individuos de afeitada a diario y carro dominical, mayores que nosotros tres años, por lo menos …con mensualidades o semanadas de parte de sus padres más onerosas que las nuestras.

En esos casos, uno siempre acaba aprendiendo a bailar con las hermanas de los amigos. Que si son mayores, lo hacen casi por lástima, por misericordia, como se enseña a escribir a un niño de 1er grado.

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 Y si son menores, usan media tobillera y sólo pueden ir a cine con el hermano presente, de “chute”. Terrible. Sobre todo porque eran funciones de media tarde, para ir de noche no había permiso. Y en taxi.

El carro es un bien bien lejano cuando uno es adolescente.

Las relaciones con las señoritas siempre estaban llenas de sobresaltos y temores. Yo fui medio poeta y padecía un flujo romántico incontrolable durante la adolescencia pero el organismo traicionero acusaba reacciones estimulantes ante las páginas mugrosas de las “Penthouse” y “Hustler” que llegaban a mis manos. El lavado de las sábanas requería a veces jabón de bola del más arrecho. Y empezaba uno a soñar con aventuras animadísimas en compañía, ni más ni menos, que de las estrellas del cine desnudo …. Ahora bien, los desnudos …

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… quedaban reservadas a los mayores de 21. Había que ir en grupos de cuatro o de seis a los cines del centro. El más ” viejo” tenia la misión de comprar las boletas, cosa que hacía engrosando un poco la voz y adoptando una actitud circunspecta más que la de un ministro de Hacienda. Pasado el Rubicón de las boletas, faltaba aún el Magdalena del portero. Muchas veces fue preciso sobornarlo para poder entrar.

Juventud, divino tesoro?

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Cuando las letras no forman palabras

Las soñadas aventuras sexuales no se inauguran con ninguna de las beldades que vimos en la  pantalla sino casi siempre en una casa de citas, esto se suma a una sensación inevitable de incomprensión. Incomprensión que se acentúa por los barros, los dolores de muela, la falta de bigote y el factor colegio.

Seamos sinceros: el colegio es delicioso para recordar, pero muy duro para vivir. Porque son más las tardes de sol que se malgastan estudiando la suma del cuadrado de los catetos, que las que se emplean en actividades provechosas, como jugar fútbol o Master Mind. La adolescencia está demasiado llena de previas, de fogueos, de exámenes, de tareas, de fórmulas de física, de tablas de los elementos químicos, de coordenadas polares y de teoremas de Pitágoras, como para que sea agradable.

Cuántas horas, cuántas lágrimas, gasta uno tratando de entender, por ejemplo, la tal ecuación de segundo grado. Para rememorar horas amargas, se los digo aquí de nuevo:

Miles de tardes para aprenderlas, centenares de horas sufridas en exámenes, unos pocos minutos para olvidarlas, ni un solo segundo para aplicarlas a lo largo de la vida. Salvo que usted sea ingeniero o tenga aberraciones parecidas. Eso es la adolescencia: la fórmula de obtención del ácido sulfúrico, el esquema del anillo bencénico, el binomio de Newton.

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Juventud, divino tesoro?

Cuando uno es adolescente, se enseña a tomar cerveza contra su voluntad. Le sabe a diablos, rubricada cada sorbo con un rictus de amargura y demora dos horas en cada vaso interminable. Pero la toma. Cuando uno es adolescente aprende a gastarse en cigarrillos el pisto de los domingos. Cuando uno es adolescente tiene que acostumbrarse a heredar ropa vieja de los hermanos mayores o de los tíos.

Cuando uno es adolescente tiene que meterse los viernes por la noche a discotecas con los amigos, aunque prefiera quedarse en casa leyendo y cascoteándose a través de las páginas de una “Playboy” (Oh Hefner …que es eso de morirse?)

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Cuando uno es adolescente compra una camisa en junio y en diciembre ya no le entra. Cuando uno es adolescente regala “El Principito” y se aprende el Poema Veinte de Neruda y cree que ambas cosas son originalísimas.

Y cuando uno es adolescente, le hacen creer que es muy bueno ser adolescente.

Que es donde radica la mayor crueldad de la adolescencia …

 

 

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