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Dejémonos de ondas, por mucho que uno crezca, “madure” y diga o pretenda que nuestras fechas de cumpleaños “ya a estas alturas nos resultan indiferentes”, siempre, desde la semana anterior, la noche antes, uno tiene las arañitas en la panza que avisan que el modo “expectativa” para la fecha está alerta.

Hace dos semanas me pasó, mi nombre es Andrés, soy casado, dos hijos, trabajador tenaz y fue mi cumpleaños número 39 y tenía las arañitas de la expectativa  cuando me levanté esa mañana.

Me demoré unos cuantos minutos, esperando el salto en mi cama de mis hijos y mi esposa diciéndome “Feliz cumpleaños papaaaaaaaa ….” … nada. Me bañé, bajé a desayunar sabiendo que mi esposa estaría contenta y me diría: "Feliz Cumpleaños!!", y quizás tuviera un regalo para mí, pero ella ni siquiera me dio los buenos días. Yo dije para mis adentros... "bueno, quizás mis hijos se acuerden". Mis niños (11 y 9 años) vinieron a desayunar y no dijeron ni una sola palabra.

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Cuando me fui a mi oficina me sentía totalmente deprimido, y para mis adentros pensé "Ni siquiera el perro me meneó la cola, o es un caso de amnesia colectiva o a mi familia le importa un cuerno esto de celebrar un cumpleaños mío más".

Después del tráfico miserable, que ni siquiera respeta los cumpleaños de uno, mi muy guapa secretaria Marcia, sonrió y me dijo: "Buenos días Licenciado, y Feliz Cumpleaños!!!". Ahí me empecé a sentir un poco mejor, por lo menos ella sí se acordaba, la saludé de beso (mejilla), olía a algo formidable y se veía aun mejor.  

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Después de innumerables reuniones y telefonazos, todos impropios y ninguno de felicitación de cumpleaños (bueno, hasta mi mamá llamó para preocuparse de la salud del chucho al que le habían extirpado un absceso de grasa)  ya cerca de las dos de la tarde, entró Marcia y tutéandome por primera vez, me dijo: "Sabés Andrés... hace un día muy lindo y además es tu cumpleaños, qué tal si te invito a comer los dos solos, tu y yo?". Y yo me dije: "Esta es la mejor cosa que he oído en todo el día" Así que, tomé mi saco y salimos.

-          Ok, le dije, pero yo pago - le dije a Marcia, ya casi babeando …

-          No vas a pagar nada … vamos a mi apartamento, yo voy a cocinar, cocino sen-sa-cio-nal -  y procedió a morderse el labio.

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Yo no entendía nada, pero sospechaba todo, nos tomamos un par de copas de vino, nos achispamos, ella tenía todo el control del tiempo … hasta que dijo la frase:

-          Bueno, voy a cocinar, pero como dudo que volvamos a la oficina … me voy a quitar la ropa de trabajo y ponerme algo más cómodo, ahora regreso".

Yo, la dejé ir ... no me molestaba eso, creo que ahí me confundí. Ella entró en su habitación, cerrando la puerta a su paso, yo vi la señal, y empecé a sacarme la camisa, me desabroché el pantalón, con una copa de vino más que dé ya en calzoncillos … camisa abierta, cierta demostración de masculinidad ya asomaba ante la expectativa, cuando volvió Marcia … vestida de trabajo exactamente igual a como había salido cargando un gran pastel de cumpleaños ... seguida de mi esposa, hijos, mi mamá, y algunos compañeros de oficina, un par de paracaidistas, una enorme tropa de gente, más de cincuenta personas, todos ellos cantando "Cumpleaños feliz" y “Sorrrrrrpresaaaaaa!!”

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Y allí estaba yo, semi desnudo en la sala … y con las manos tapando la evidencia

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