Somos los tristes escombros que dejó el alud
despojos de lo que fuimos
y quizás nunca
volveremos a ser
Cuando solíamos ser
luz …
territorio común
arcabuz
contra las nostalgias
desgracias
acrobacias
de la vida diaria …
Los recuerdos
como trenes de carga
me golpean …
Y son trenes de muchos
vagones
canciones
traiciones …
demasiados, muchos vagones ...

Y a pesar de que te rogué
que no te fueras
para mantenerte conmigo
mejor haberte tenido y perdido
que nunca haber tenido nada
Estábamos persiguiendo estrellas
a través de las carreteras del país
dos piezas imperfectas
dos parias
desprovistos de todo y de nada
Con nuestros dedos entrelazados
nuestras manos nos daban seguridad
que nunca fue cierta
siempre tan vacía y sin certezas tu …
siempre tan pragmático y sin temores yo …
Aún y cuando
volvimos a ser dos parias
cada uno mendigando
en una acera diferente
de frente
porque yo te veo mirándome
y tu ves que te veo mirándote …
ninguno se anima a cruzar
… y sin embargo, lo haría todo otra vez
si la vida me diese oportunidad …
Sonia siempre llevaba en su carro a sus tres amigas, compañeras del equipo de Volleyball y las dejaba a cada una en su casa. Esto ocurría desde hacía dos años. Una rutina perfecta que les servía a las cuatro para conversar un rato más después del entrenamiento.

Por irónico que parezca, a pesar de que a muchos quien los salva del alcoholismo es la religión, a mí la religión me llevó al alcoholismo, es más, para aumentar la ironía … del alcoholismo me sacó el mismísimo Lucifer.

El estudiantado de los setentas, en toda América Latina, estaba en ebullición, era revolucionario por imitación y en pocos casos por convicción, prueba de ello es que pocos de sus líderes pasaron a planos mayores.