Leticio vivía desde hacía diez años con su esposa, a la que amaba con la misma intensidad que el primer día, o quizás todavía más, y con su suegra … a la que aborrecía también con la misma intensidad con la que la había venido aborreciendo todos esos años, o incluso más.
La única razón por la que la soportaba y aún mantenía en su casa, era el amor que sentía por su mujer, para quien albergar consigo a su pobre madre viuda constituía un deber ineludible.
Además, como el matrimonio, pese a haberlo deseado con fervor, no había logrado tener hijos, la esposa de Leticio, que por otra parte no trabajaba, dedicaba todo su tiempo a cuidar de su progenitora ... pero cuando su esposa no estaba, su suegra lo agredía como que fuera miembro de alguna barra "ultra" de fútbol ...
"Bueno para nada, mediocre, como fue que mi hija terminó con un fracasado como usted!!"
Eso si, se peleaban siempre de "usted"...

Pero un día las cosas cambiaron radicalmente.
Leticio llegó a su casa, después de una ardua jornada de trabajo, y su mujer lo recibió diciéndole que tenía para darle dos noticias, una buena y una mala.
—Voy a empezar por la mala —dijo—. Leticio: esta tarde, mamá se fue a vivir donde mi hermano en Candelaria de la Frontera.
Leticio corrió al dormitorio de su suegra y vio que, efectivamente, había quedado vacío. Entonces corrió a poner un disco de rock pesado y se puso a bailar frenéticamente, gritando:
—¡Qué bueno! ¡Si ésa es la mala noticia, lo que debe ser la buena!
—La buena —le dijo su mujer— es que voy a ser mamá.

Leticio volvió a saltar de alegría. Hacía diez años que venía deseando tener un niño que alegrara el hogar, y ahora, ese hogar iba a transformarse en un verdadero paraíso.
Pues bien, al día siguiente, Leticio se fue a trabajar, y cuando salió, antes de volver a su casa, fue a comprar ropa de bebé, para levantar el ánimo de su esposa. Pero cuando llegó a la casa y se dirigió al dormitorio, donde creyó que encontraría a su esposa, encontró que la que estaba esperándolo era su suegra.
Y estaba de regreso! Él pegó un grito de horror, y entonces la aparición le habló …
— Leticio, qué te pasa! Soy yo …no me reconocés? Soy tu esposa. Yo te dije … no te acordás? Te dije que iba a ser mamá, y no pensé que sucediera tan pronto, pero sí, sucedió, Leticio …
… soy mamá!

Yo persisto, insisto, desvisto … luego existo; pero existo, no desisto, sigo mi rosa de los vientos, con intentos de nunca desviarme del lado iluminado de mis tiempos …

Aunque suene irónico, muchos seres humanos, que proponían o postulaban ideas revolucionarias o radicales para su época, fuesen tipificados como dementes, aunque la misma Historia, posteriormente les haya dado la razón …

No debe de haber mayor tristeza que la de ser prisionero de tus propios temores, más aún que de tus propios captores …
No debe de haber mayor tristeza que la de no poder confiar en nadie, y mucho menos en los que están al servicio de prestarte una seguridad … confiable.