
El Salvador era antes la ciudad de “eterna sonrisa”, hoy somos el país del “eterno vamos de prisa”.
San Salvador era antes “Ahí nos vemos” y hoy “ya no cabemos” …
Las motos circulan por donde les ronca, los microbuses se suben a las aceras para rebasar, el tercer y cuarto carril hasta el mecate de carros haciéndose los vivos, los furgones tratan de estacionarse de culata (2 45 ms de ancho) en portones de 2.50 ms, a las 5 de la tarde en plena Ciudad Merliot causando atascos de dos horas …los buseros ganan, juegan más sucio son más astutos ,,,

Los contenedores, rastras, causan descalabro en las zonas urbanas donde tienen prohibido circular en horas pico, los gorriones se comen a los pterodáctilos, las caravanas de Suburban Negras son las dueñas de la calle, los semáforos inteligentontos ya son inteligentantos que nadie se explica su utilidad.
Los Policías de posan con sus motos, en el lado opuesto a donde haya nudos y están gordos por la falta de actividad, solo ejercitan los pulgares para chatear ...

Pero los verdaderos culpables somos nosotros
Alguna vez te has fijado en cómo nos comportamos al volante cuando circulamos por la ciudad? Es como si, al cerrar la puerta del carro, entráramos en un mundo paralelo donde las normas sociales se difuminan y emerge nuestro «yo» más auténtico.
Por ejemplo, está el «DJ de semáforo». Lo reconoces fácilmente: llega al semáforo en rojo y, en lugar de esperar pacientemente, aprovecha para montar una fiesta. Sube el volumen de la música, baja las ventanillas y empieza a mover la cabeza al ritmo de la canción. Desde fuera, parece que el coche va a despegar en cualquier momento. Y justo cuando el semáforo cambia a verde, se queda unos segundos más disfrutando del estribillo, mientras los demás conductores le pitan las tres notas en tonalidades mayores y menores

Luego tenemos al «Corredor de Fórmula 1». Este es el que cree que las calles de la ciudad son su propio circuito. Acelera en cada oportunidad, toma las curvas como si estuviera en Mónaco y siempre busca adelantar, aunque sea a un autobús escolar. Lo curioso es que, pese a sus esfuerzos por llegar primero, siempre lo alcanzamos en el siguiente semáforo.
No podemos olvidar al «Explorador Urbano». Conduce tan despacio que uno se pregunta si está disfrutando de un tour panorámico. Mira hacia todos lados, reduce la velocidad en cada cruce y parece maravillarse con cada edificio, saca fotos, si hay un accidente, saca más fotos. Es posible que sea un turista o simplemente alguien que disfruta del paisaje urbano… a 20 km/h en hora pico

Está también el «Multitareas al volante». Este personaje es admirable y preocupante a la vez. Logra conducir, revisar el móvil, desayunar y, si le das tiempo, hasta maquillarse o afeitarse. Tiene una habilidad especial para hacer todo menos prestar atención a la carretera. Uno se pregunta si tiene más manos de las que aparenta o simplemente confía en el piloto automático invisible de su coche.

Y qué decir del «Director de Tráfico Amateur». Es ese conductor que se toma la libertad de indicar a los demás cómo deberían conducir. Si alguien tarda medio segundo en avanzar cuando el semáforo cambia a verde, ahí está él para recordárselo con un sonoro bocinazo. Si alguien cambia de carril sin poner el “flash”, no dudará en hacer gestos desde su ventana.
Joden
No podemos pasar por alto al «Cantante de Carrocería». Lo ves en medio del tráfico, cantando a pleno pulmón, gesticulando y sintiendo cada nota de la canción. Su coche se convierte en un escenario y él, en la estrella principal. Lo mejor es cuando llega ese solo épico y cierra los ojos por un segundo, olvidando que sigue en movimiento. Al menos, su entusiasmo nos arranca una sonrisa en medio del atasco.

También está el "Buscador de espacios imposibles"
Es ese conductor que, de repente, frena en seco porque cree haber visto un lugar de estacionamiento. Sin importarle que detrás viene una fila de coches, comienza una complicada maniobra para aparcar en un espacio que, claramente, es demasiado pequeño. Pero su determinación es admirable; no se rinde hasta lograrlo o hasta que alguien detrás pierde la paciencia.
Y, por supuesto, tenemos al «Amigo de la Naturaleza». Este conductor considera que las luces intermitentes son opcionales y que las señales de tráfico son meras sugerencias. Se mueve al ritmo de su propio tambor, girando sin avisar y deteniéndose en lugares inesperados para comprar jocotes.

Al final del día, conducir por San Salvador es como participar en una gran obra de teatro improvisada, donde cada conductor tiene su papel.
A veces somos el protagonista y otras, el espectador sorprendido.
Pero lo importante es la cautela para evitar que seamos víctimas …

Alguna vez se han puesto a pensar en el tipo de cuentos que les contamos a nuestros hijos? Son los mismos que nos contaban nuestros padres a nosotros …

Con el pasar de los años nos vamos dando cuenta de la inminente verdad, sobre como nacimos originales y moriremos siendo copias, lo digo porque recuerdo que hace algunos años acompañé a mi padre a nuestro coloso (Estadio Cuscatlán).
El enamorado, despechado y abandonado, aquel que entregó su vida por amor y espera en vano el regreso del amor que se fue, el que masculla versos y canciones sin sentido sintiéndolas y entabla pláticas con el cielo falso, mira fotos viejas y se pone a llorar ...