
“Esta historia es real, porque me la he inventado de cabo a rabo”
(Boris Vian)
Gabriel es un amigo de infancia, de hecho teníamos más de quince años de no vernos cuando nos encontramos en una reunión de celebración de nuestra graduación de bachilleres unos días atrás.
Pero no era el mismo Gabriel contento, alegre y dicharachero que o guardaba en memoria, era un Gabriel mustio y opaco, que denunciaba una enorme pena, así que no pude evitar preguntarle cómo le iba, a la espera de una respuesta que certificara la razón de su pesar…
“Me acabo de divorciar” - me dijo Gabriel.
Gabriel se casó con Beatriz hace unos doce años, más o menos, yo estuve en la boda, Gabriel era un odontólogo recién graduado y Beatriz una joven esposa, gordita, bajita y bastante carente de atractivo físico, aunque muy simpática… Gabriel, en pocas palabras, con el tiempo, la embelleció…
Comenzó con su especialidad y le hizo un trabajo de estética dental tan efectiva que su sonrisa se volvió cautivadora, la animó a hacer tratamientos de liposucción, colágenos, silicones, los cuales convirtieron a Beatriz la gordita, en una esbelta y atractiva mujer.
Toda esta era la labor paciente de Gabriel, logrando aumentar la autoestima de su esposa, y desarrollando una verdadera obra de amor al embellecer día a día a la mujer que amaba…
Y tanto fue el cambio, que a partir de un día Beatriz comenzó a ser objeto de las atenciones de sus compañeros de trabajo, y otros desconocidos fulanos, Gabriel empezó a encontrar llamadas en el teléfono de Beatriz con voces masculinas, y susurros mascullados al celular en algún rincón oculto de la casa, que le eran extrañas y aún así guardó sus dudas sólo por no estorbar los resultados de la metamorfosis de la mujer amada … y el inmenso amor que le llevó a todo eso.

Y el asunto siguió, tuvieron una hija, pero no cesaron las múltiples muestras de galanteo de parte de admiradores oscuros y furtivos y el notable distanciamiento que Beatriz iba marcando con Gabriel, al grado de casi ignorar a su esposo…
Un día lo inevitable sucedió, y con la tajante guillotina de las palabras de despedida previamente ensayadas Beatriz le dijo que necesitaba espacio, necesitaba tiempo para pensar, que se dieran una tregua, un lapso de distancia sin estar juntos, (argumentos ya repetidos en múltiples ocasiones), todo definido en limites tan indefinidos que significaba que el regreso sería nunca… y fue nunca, a los pocos días recibió la demanda de divorcio.
Sentí que Gabriel se entristecía aún más, así que tratando de esquivar el tema, me puse a hablar,
cambiar de tema …
con muy poco tino …
con muy poca sutileza…
... porque terminé hablando de lo inconveniente de tratar de mantener a las aves más bellas encerradas en jaulas … aunque sus barrotes hayan sido construidos por los más eficaces ingenios de ternura…
Como están cambiando los restaurantes en el mundo, y particularmente en nuestro país … la austeridad que no practica el Gobierno, la practican en los restaurantes de un tiempo a esta parte … se ha dado cuenta verdad?

“El hombre verdadero ama dos cosas: el peligro y el juego, por eso ama a la mujer, que es el más peligroso de todos los juegos”. Federico Nietzsche. “Thus spoke Zarathustra.”
Ya sé lo que me van a decir a raíz de la pregunta del título …”no tratés de engancharnos chele, un autogol vale un gol, nada más, nada menos …”
Pues .. fíjense que no, no necesariamente es así.