Claudio fue proclamado Emperador por la Guardia Pretoriana, aceptado por el Senado y de inmediato, ese hombre al que casi todos despreciaban, sorprendió por su gobierno prudente y sagaz.
Yo, Claudio, un Gran Emperador
Mejoró las infraestructuras de Roma y las condiciones de vida de sus habitantes, dejó un gran legajo literario -hoy perdido- sobre la historia y las costumbres de los romanos y otros pueblos itálicos
Se ganó la estima del ejército conquistando nuevos territorios (Gran Bretaña) que dieron riqueza al imperio y tierras a los colonos, y supo mantener las riendas del Senado alternando el palo y la zanahoria a la usanza de Teddy Roosevelt 19 siglos después.
Solo la ambición de su propia familia lo apartó del poder de forma violenta, como sería la costumbre romana.
La relación con el Senado, fue vital, si bien por una parte devolvió al Senado algunas de las prerrogativas que había perdido bajo los reinados autoritarios de Tiberio y Calígula, por otra no fue blando con los senadores: era propenso a sufrir ataques de ira -los cronistas relatan que en esas ocasiones “echaba espumarajos por la boca”-, más de una vez les recriminó directamente su resistencia a debatir sus propuestas.
Claudio era el único pariente adulto del fallecido Augusto, lo que le daba la legitimidad de heredero político a pesar de las opiniones y burlas que circulaban sobre él.
Su fama de tonto, en cambio, pudo haber jugado a su favor, haciéndolo parecer a ojos del Senado un hombre manipulable y nada peligroso. Sin embargo, el nuevo princeps se reveló mucho más audaz de lo que habían imaginado.
Yo, Claudio, que jamás fui soldado, Héroe del Ejército Romano.
Como regalo de inicio de Imperio, Claudio regaló 15 000 sestercios a cada soldado, (o sea 15 sueldos de un legionario de un solo), tenía un excelente general Aulo Plaucio, hermano de Flavio Sabino, quien era el prefecto (gobernador) de Roma.
Las tropas de Aulo Plaucio, conquistaron para Claudio y Roma, Tracia, Nórico, Licia, Judea, Mauritania y Britania-, consiguiendo un gran botín y tierras para repartir entre los veteranos, lo que le hizo popular entre los soldados.
Yo, Claudio, el flatulento …
De todas sus “discapacidades visibles” la verdad es que todas fueron siendo usuales y toleradas por su círculo, menos una: se volaba unos muy asquerosos y hediondos ventosos. Así que media vez fue Emperador, hizo algo astuto: legalizó los pedos.
Claudio promulgó en el año 41 el edicto Flatum crepitumque ventris in convivio mettendis; establecía en ese documento cómo debían expelerse las ventosidades durante las comidas. Tomó esa sensata disposición al saber que algunas personas de su corte, movidas por el respeto, preferían morir antes de pedorrearse en su presencia, y reconociendo que dicha retención atormenta hasta el momento de expirar a causa de los horribles cólicos, ese tratado le dio popularidad entre nobles y Patricios.
Yo, Claudio, Arquitecto e Ingeniero
Debido a que los botines de sus conquistas, fueron muy abundantes, no se dedicó a llenarse de dinero, por el contrario, como lo había hecho Augusto, Claudio emprendió un gran programa de reformas urbanísticas en Roma destinado a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Su mayor obra es el Acqua Claudia, un ramal de acueductos, que llegaban al centro de Roma, justamente al área donde después los Flavios construirían el Coliseo, recorriendo más de 70 kilómetros, para proveer a Roma de una de sus principales carencias: el agua.
Yo, Claudio y … ay! Las mujeres …
Claudio se casó cuatro veces, las dos últimas – Valeria Mesalina y su sobrina Agripina la Menor (hija de Germánico, su hermano) – marcaron su final.
Se casó con Agripina en el año 49, ella ya tenía un hijo de su anterior matrimonio, un niño de apenas 12 años llamado Lucio Domicio Enobarbo que pasaría a la historia con otro nombre: Nerón.
Este matrimonio, tenía una finalidad política: por una parte Agripina era descendiente directa de Augusto -Claudio solo lo era de Octavia, su hermana-, lo que reforzaba su legitimidad; por otra, adoptando a Nerón se garantizaba un sucesor , y por injerencia de Agripina, lo nombró heredero, por encima de su hijo propio, Británico, nacido de su matrimonio anterior con Valeria Mesalina. Sin embargo, esta precaución, de tener dos sucesores, terminaría siendo su perdición.
Fanático de las setas (hongos), Claudio fue ofrecido con una deliciosa cena de setas preparada por Agripina, si bien Claudio tenía un catador para probar sus alimentos antes, el veneno de Agripina (que ya había envenenado a Británico) habría estado en su cepillo de vomiturium.
El 12 de octubre del año 54, después de cenar, el emperador se sintió indispuesto y pocas horas después, la madrugada del 13 de octubre, moría. A pesar de su edad avanzada para la época (64 años) y de que llevaba años enfermo, la gran mayoría de historiadores concluyen que fue envenenado.
La instigadora habría sido su propia esposa, Agripina, quien logró con ambas muertes (la de británico y Claudio) su sueño … su hijo Nerón se convirtió en Emperador.
El 17 de abril de 1982 puede considerarse el día que la humildad futbolera (con una pequeña ayuda del Estado) sorprendió al mundo.
Después de haber ganado el Mundial de 1978, Argentina veía languidecer una Dictadura Militar que daba patadas de ahogado, el pan y circo del Mundial ganado, no alcanzaba a terminar de sacar a los argentinos de una realidad concreta que las Juntas Militares proponían, represión, hambre … orden relativo, y enriquecimiento ilícito de sus allegados.
Nuestro fútbol nacional, al cual tratamos de revestir de características “profesionales” no ha muerto, pero está más o menos como el pez que acabamos de pescar y tiramos al fondo de la lancha para que pegue sus últimas bocanadas y muera …
Como es de público desconocimiento, Santa Claus si existe y no son los padres de uno, las modelos que anuncian productos en los comerciales de T.V realmente consumen esos productos, los políticos si creen firmemente en cumplir las promesas que hacen en campañas electorales…