
Nuestras mujeres son bellísimas, divinas, con un don de astucia que una de dos, con el tiempo se va agudizando o nosotros los hombres, nos vamos “alelando”.

Odorico de Pordeone, misionero italiano de origen checo, fue de esos primeros intrépidos que en cáscaras de nuez, lanzóse a las mares en 1314 y atravesó Asia desde el Mar Negro hasta las costas orientales de China, viaje en el que invirtió 14 años.

“Me deprimo, primo …” me balbuceaste al cel, y yo que soy tu primo, tu amigo, vine tan pronto como pude. Calma, Alma.