No te molestes diciendo “lo siento …”
simplemente, pasa adelante
y vuelve a convertir
mi salud mental en un desastre.
Llegas justo en el momento
cuando empezaba a ordenarme
Llegas justo en el momento
cuando empezaba a olvidarte …
Esto ya lo hemos vivido antes
llegas con la misma cara de lluvia
pidiendo perdón a las baldosas
sin mirarme a los ojos
sin mostrarme tu rostro de mujer
y se supone que yo salga corriendo
a tus brazos …
otra vez.
… tu eres la droga que jamás debí probar
… la partitura que jamás aprendí a tocar
… esa película mala que aun así, ves hasta el final
… el último trago al que no me pude negar.
… tu eres el avión que no logré conectar en Madrid
… el cadáver que tengo enterrado en mi jardín
… el libro que empecé pero no supe escribir
… la enfermedad que no conozco y de la que voy a morir.
… tu eres ese hábito que no logro dejar
… las vergüenzas que en mi vida tuve que pasar
… el accidente que siempre supe que tendría y no pude detener
… la cicatriz que oculto y no logro esconder.
… tu eres una revista barata que aun así me dedico a hojear
… tu eres ese idioma extranjero que nunca pude dominar
… tu eres mi arresto por insultar a un oficial
… tu eres todo lo que en mi vida, hice mal …
Y ahora si, levantas la mirada
con esos ojos gris tipo azul octubre
enmarcados en una preocupante palidez
quédate
descansa
come
duerme
pero mañana cuando vuelva de trabajar
ya no quiero volverte a ver
mi corazón está amurallado
no hay marcha atrás
esta vez …
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Es lo mejor que nos podría pasar .. pensalo, ahorraríamos mucho dinero, no tengo que ir a traer y dejarte a tu casa, porque ya dormirías conmigo, capeamos las trabazones y el dinero que ahorramos sería para la boda – le decía a mi novia, ya de 3 años de relación tratando de persuadirla a venirse a probar dormir conmigo un par de noches.
Paulina redactó el mensaje y luego lo plasmó en un “template” navideño, que traía su computadora, lo miró le gustó, se lo mandó a si misma, y a continuación lo envió a todos sus contactos de WhatsApp.
La Roma Republicana fue tan sabia, que en momentos que Roma se encontraba en peligro, o ante una crisis de difícil solución, derogaba todas sus instituciones democráticas por seis meses y entregaba el poder total a un “dictator” (dictador)