Siete minutos, dos horas y mil días
de simplemente no verte ...
me han convertido en anciano
he envejecido diez años
tal vez veinte …
Desde que perdí el horizonte
o desde que te obvié
en mi horizonte
he ido barranca abajo
muy bien Noseadonde …
De tus océanos
cerraste las esclusas
sin permitir
mi llegada a tus recodos
tu vida corre bien
de todos modos
sin necesidad de que aparezca
Yo …
el peor de todos …
Nunca supe, nunca quise saber
nunca entendí, nunca quise entender
era mejor pasar cada día
de eso
que tu llamabas amor
haciéndome el distraído
no había nada que comprender
porque nada había comprendido
pero ante la pasión
ante las caricias
siempre estaba dispuesto
hirviendo como un ejército
carente de todo mérito …
Y ahora que tanto extraño
que tanto necesito
que tan bien me haría
una sola de tus palabras …
tu vida pinta perfecta
camina sobre rodos
y en tu existencia no hago falta
Yo …
el peor de todos …
Pero aun así
sé que por las rendijas
de un sueño efímero
que tengas en una de tus noches inquietas
algún resabio mío puede hacer
que me recuerdes …
Yo …
el que siempre incomodo
Yo …
más solo que lo que en la torre de Notre Dame
se encuentra Quasimodo …
Yo …
el más sucio lodo …
Yo …
el peor de todos …
- 
No puedo prometer serte fiel toda la vida – dijo Margarita, mirando la cara de David, con quien se casaría al día siguiente por lo civil y dos días después por la Iglesia.
“El agua no se le niega ni a los presos” – decía un buen amigo, cada vez que alguien le pedía en su casa, un vaso de agua, o cuando nos dedicábamos al buceo, una botellita de agua.

Cuatro siglos atrás la pluma de Cervantes nos describía al “Caballero de la triste figura” un quijote obsesionado por novelas de caballería que se dirigía a su amada, en tierras de La Mancha de la siguiente manera: "Soberana y alta señora... amada enemiga mía...".