
No necesito recorrer largas distancias
nadar contra corrientes espantosas,
o hacer vuelos de carácter imposible,
tampoco debo escalar montañas enormes,
para alcanzar la sensación perfecta,
a la que llego al sentirte en mi.
Solo necesito pensarte un poco,
atraparte con mis ansiosas manos,
enredándote en caricias únicas
que te hagan sentir más allá
de este mundo, como fue ayer.
Cierro mis ojos para sentirte
así totalmente vivo, pleno, pasional
llevándote mis besos, robándome la piel,
arrebatadamente entregado al placer,
donde sabes llegar, quedarte y no borrarte
por el derroche de vida que dejas en mí.
Cierro mis ojos para sentirte
para tenerte en la madrugada ideal,
donde la humedad de nuestros cuerpos
se entienden , y encienden ese fuego
que va por dentro quemándome,
quemándote, con intensidad propia.
Así quemas por dentro,
así vives en mí, más allá del recuerdo
más allá de la ausencia,
así quemas siendo sol, mi sol, en
las frías horas que pasan lento,
donde me lleno de ti
y cierro mis ojos para pensar en ti.

“Todos metemos la pata, es automático, abrimos la boca y metemos la pata, claro en la medida que hablemos menos, meteremos menos la pata … pero como le pedimos a un presidente que hable menos ?” (Filósofo usuluteco anónimo).
Obviamente, soy católico practicante, no creo en la reencarnación, pero fíjense que después de escuchar tantas tonterías de “celebridades” al respecto, he sacado mis propias conclusiones, solo para divertirme.
El famoso “Nudo Gordiano” era el más difícil de deshacer, cuando Gordio fue proclamado rey de Frigia, fundó la ciudad que lleva su nombre y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro y ató la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior, tan complicado según cuenta la leyenda que nadie lo podía soltar.