Quemaste con tu calor cada poro de mi piel,
en la que tatuaste con besos interminables
tu nombre en mis deseos...
te quedaste atado a mis ganas de madrugadas,
te quedaste impregnado en mis labios húmedos por ti,
te quedaste atrapado en el silencio de mis gemidos,
así me quemaste sol de mis días de lluvia...
Volaste conmigo en horas de placer,
llenaste de sueños noches de magia,
supiste llegar hasta donde nadie pudo dentro de mi
me voy y te llevo conmigo
porque vas en ese susurro, en ese instante donde
fuimos uno solo en la locura, donde nuestros
cuerpos se perdieron tantas veces … pero que supieron
encontrarse una y otra vez, tras varios intentos de despedida...
Entre el silencio que nos ausentó
te dejo entre versos las caricias, que un día vivimos,
y que jamás se repitieron...
te dejo entre líneas las sonrisas del placer que provocaste,
con las que te recordaré en algún momento ...
te dejo entre puntos suspensivos, la sonrisa de un hasta siempre
con la piel llena aun de deseos por ti...
Te llevo en mi maleta de sueños cumplidos,
te llevo conmigo en silencio,
te dejo los personajes que nacieron para ti, entre sombras y caricias
te dejo el sonido de un hasta siempre,
para las noches inquietas, donde la luna podrá contarte
que dejaste huellas imborrables...
hasta siempre, porque así es tu marca para siempre.

Después de la abolición de la esclavitud en USA, por la proclama de Abraham Lincoln, pasarían años hasta que la Decimoquinta Enmienda, aprobada en 1870, estableciera que los Estados no podían impedir votar (entre otras cosas) a un ciudadano en razón de su raza, color o condición anterior de esclavitud.

Cierto es, que después de dos guerras mundiales, una de Corea, y miles de conflictos más que costaron la vida de miles de soldados con edades promedio entre 17 – 19 años y población civil de todas las edades, hablar de un joven … uno solo, asesinado, parece hasta minúsculo …

Las consecuencias fueron trágicas, tanto por las vidas perdidas (de 4000 a 6000), como por los compatriotas desalojados de Honduras …