Como un día cualquiera
me viste, te ví, me miraste
como un niño mira a su madre
después de una larga espera,
Fue impresionante tu altivez y cordura,
Pero estaba ahí en tu mirada,
aun con todas mis dudas,
esa tu mirada lúgubre,
sincera, sin prisa y obscena…
No pudiste negar el desvelo de mi piel
en tu escena silenciosa,
Armaste un arrebato de luna llena
en los montes de tu imaginación placentera
Fui en tu mente la amante perfecta,
Debo confesar que me quede en ti plena
Flamante y desnuda, como la luna llena
Que muestra todo su esplendor
y por guardar nada queda …

Tomaste tú mi virginidad en tus brazos
Explayaste tu alma y pudiste curarte
de estar ya hecho pedazos.
Entre mis piernas y mis brazos
supiste armarte de amor,
revivir tu más bello furor,
renaciendo en mis aromas,
bebiéndote mi amor, mientras quedo yo…
bebiéndome tu ausencia.

Tal vez (y hasta quitándole el “tal vez” sirve) es una de esas cosas que surgen con los años, como el reumatismo, la temblazón de manos, la disfunción eréctil o las canas ...
Una semana … me escribió, una especie de nota de ultimátum … una semana y ni siquiera un día más, ni una palabra más … es lo que me da de tiempo … para rescatar nuestro amor.