Como un día cualquiera
me viste, te ví, me miraste
como un niño mira a su madre
después de una larga espera,
Fue impresionante tu altivez y cordura,
Pero estaba ahí en tu mirada,
aun con todas mis dudas,
esa tu mirada lúgubre,
sincera, sin prisa y obscena…
No pudiste negar el desvelo de mi piel
en tu escena silenciosa,
Armaste un arrebato de luna llena
en los montes de tu imaginación placentera
Fui en tu mente la amante perfecta,
Debo confesar que me quede en ti plena
Flamante y desnuda, como la luna llena
Que muestra todo su esplendor
y por guardar nada queda …

Tomaste tú mi virginidad en tus brazos
Explayaste tu alma y pudiste curarte
de estar ya hecho pedazos.
Entre mis piernas y mis brazos
supiste armarte de amor,
revivir tu más bello furor,
renaciendo en mis aromas,
bebiéndote mi amor, mientras quedo yo…
bebiéndome tu ausencia.

Todavía los países del Sur de América convulsionaban, era la época del caudillismo, la pasión desplegada en los campos de batalla se trasladó a los campos de fútbol, con métodos por lo general menos violentos.
Horacio era mi némesis. Sólo él podía despertar mi odio más visceral, mis impulsos más violentos, mis pensamientos más asesinos. Cuando lo veía mi cuerpo se preparaba para un combate de vida o muerte: mi pulso cardíaco se aceleraba, mi sangre fluía hacia los músculos más grandes para luchar o huir y mis células comenzaban a consumir energía de reserva.
Este fin de semana, muy alborozados todos celebrando a nuestras madres lo cual está muy bien ! Casi no reparamos en un hecho inaudito, después de 20 años, una tormenta geomagnética impactó nuestro planeta, suave, pero tormenta al fin.