
Jacinto Pichimahuido, profesor de Ciencias en una Institución Educativa del país, se enamora visceralmente de una Instructora de Artes que trabaja en la misma secundaria, y estudia por medio de generosas becas, por eso ella se llama … Re – Beca …
Querida Rebeca
No me aplace, usted cree que no sufro por amor? Que solo paso corrigiendo exámenes?
Le escribo de puño y letra, con mi lapicero Parker, el que me regaló Gerardo, quiero ser parte de sus útiles, o sea quiero serle útil, pero usted me saca la escuadra.

Usted no me nota, no me presta atención, me manda a examen de reposición, pero las posiciones ya me las sé Rebeca.
Esto no suma Rebeca, yo creo en lo nuestro, re – creo, pero usted me deja en compás de espera, no me tiene en carpeta Rebeca.
Usted cree que me conoce? Acaso me a – probado? Usted me borra, me considera un residuo no divisible, me echa liquid paper …
Se que me ha visto con la Maestra Ximena, varias veces me subí a ese Carrusel, creí que era una blanca palomita, pero se encariñó con mi Palillio, después me dejó por Cirilo …
Hagame el examen de ingreso Rebeca, como sabrá mi materia es Ciencias, así que tengo buena probeta. Nuestros isótopos pueden ser compatibles … podemos probar motricidad fina, estimulación precoz, repasamos Lengua? Prefiere el examen oral?
Plantéeme sus problemas yo tengo todas sus soluciones, como el Álgebra de Baldor, deme su seno, coseno y yo tangente le trazo la hipotenusa !
Es cierto que de niño, pasé por la tijera, pasé por el sacapuntas, antes era abanderado, ahora escolta, pero igual, puedo dar una clase magistral.
Metámonos al claustro, hagamos un ensayo, salimos …
… y no me deje solo, sino, me toca quedarme con el manual
Didácticamente suyo
Jacinto
Desde el 800 hasta el 1100 de Nuestra Era, muchos escandinavos se marcharon para buscar fortuna en otros lugares. Los vikingos, o escandinavos ("northmen"), invadieron lugares costeros británicos, especialmente monasterios indefensos.
Horacio era mi némesis. Sólo él podía despertar mi odio más visceral, mis impulsos más violentos, mis pensamientos más asesinos. Cuando lo veía mi cuerpo se preparaba para un combate de vida o muerte: mi pulso cardíaco se aceleraba, mi sangre fluía hacia los músculos más grandes para luchar o huir y mis células comenzaban a consumir energía de reserva.