Sofi, adolescente, pizpireta y coquetona, inquieta, entró a la cocina mientras su madre se peleaba con las hornillas de la cocina porque de cuatro solo una encendía y le soltó la pregunta a su madre sin preámbulos, mirándola a los ojos: «Mamá … a vos a qué edad te … hicieron por primera vez el amor?».
Las cuatro hornillas se encendieron al unísono y el gato que dormía en la cocina saltó y le pegó en la nuca a don Américo, el abuelo, que estaba mirando el noticiero en el comedor:
—Assassina! Figlio de putana! —gritó Don Américo al gato, y se encerró en su pieza. Pero nadie estaba para pedir disculpas. La Sofi esperaba una respuesta de su madre
—Te parece conversar de eso ahora, hija? —le dijo, toda colorada, ruborizada su madre —. En cualquier momento van a llegar tu hermano y tu padre del trabajo.
—Tenés que decirme un número nomás —insiste la Sofi—. No quiero conversar ni nada.
—Un número? —le contesta la madre— Del uno al mil?
—Una edad, mamá, no te hagás la tonta! —le dice la hija.

—Ay Sofía, estoy batiendo los huevos, déjate de estorbar... —le dijo la madre temblando.
—A qué edad te quitaron la virginidad, má... —no paraba la Sofi.
—No querés ir a ver El Chavo del 8 ahora que tu abuelo dejó la tele libre?
—A qué edad perdiste la virginidad ????

—¡Diecinueve, hija, diecinueve! —le digo, poniéndole el dedo ìndice entre los ojos—. ¿Ya estás contenta? Ahora por favor, salì de la cocina ni no querès que que te tire el aceite encima.
— Diecinueve? Eras re vieja! —le contesta La Sofi—.Y fue con papá o con un tipo cualquiera?
Ya era el desiderátum. La madre se seca las manos en el delantal, cerrando los ojos y resoplando por la boca, y la agarró de los hombros. Le digo, con toda la serenidad del mundo:
—Estamos teniendo la conversación sobre sexo que tienen las madres con las hijas a cierta edad, no? —la miró fijo; pero ella no contesta—. Es eso lo que está pasando, Sofía Mirta?
—Qué sé yo —le dice—... Capaz que sí.

—Serás desordenada, nena! Hace como dos años que espero este momento... —le confieso—, ¿pero tiene que ser ahora, a las trece treinta de un lunes? Mirá cómo voy vestida! Miráme los pelos... Hay que tener sentido de la oportunidad, Sofía...
—Le estás escapando al bulto... —le dice.
—No! Esta es una charla cumbre en la relación madre-hija. Estas cosas pasan de noche, Sofía, cuando todos duermen, en medio de una intimidad absoluta.
—¿Por qué?
—Porque es una conversación femenina, sensible... Yo me imaginaba vestida con la blusa azul francia que usé en Navidad, la que tiene el estampado matelasé... Vos con el pijamita largo, que es fresquito... Y las dos tomando café instantáneo...
—De qué hablan? —pregunta el Padre, entrando a la casa, derechito a la cocina junto con su hijo.
Por un momento la madre pensó que estaba salvada. Pero no. La Sofi arremete contra el padre:
—Papá, a mamá la desfloraste vos o lo hizo otro tipo? La Madre cerró los ojos esperando el ruido del cachetazo. Pero el Padre pica un pedazo de queso de la heladera y habla:
—Yo, más bien! ¿Quién va a ser? —dice el Padre con toda naturalidad—. Fue en el asiento de atrás de un “bocho”... Gritaba como una manifestación tu madre!

La madre estaba azul de vergüenza: le hubiera gustado mucho que la tragara la tierra y aparecer en el Tíbet para empezar una vida nueva. En cambio, el Nonno saca la cabeza por la puerta y agrega, levantando el índice:
— Quien se ha manyato mi queso? Il formaggio era mìo! Porca Miseria ! – gritó Don Américo.
Hay veces que quisiera tener una familia como los Ingalls. Lo más fuerte que le preguntó Laurita a la madre era algo sobre cómo hornear panecillos …
… pero se ve que nunca tuve suerte en esta vida.

Esa es la principal característica de las pilas. Que son como el papel higiénico, las toallas sanitarias, o como la paciencia de las madres; solamente nos acordamos de ellas cuando se acaban y no tenemos ninguna a la mano. Tú estás escuchando tu walkman lleno de felicidad y de repente Justin Bieber se convierte en la Just In and not Sober: se oye cantando como borracho de cuneta.
(Este post fue publicado por El Diario de Hoy en el año 2000, cuando se estrenó Gladiador, me indignó tanta metida de pata. 20 años después se ha vuelto a proyectar la película en TV y un documental “The making of …”, sigo indignado y añado observaciones al 2020).

No no no, todavía no rescriban el libro de records futboleros, más allá de toda la controversia entre la cantidad de partidos jugados por Gerd Muller y los Messi para llegar a los 85 goles el uno en 1972 y 91 goles el otro en el 2012, la cantidad de penales que si pateó Messi y la nula cantidad de goles que pateó Muller, no escriban nada …si no incluyen el nombre de Godfrey Chitalu, gran figura de Zambia que convirtió 107 goles en 1972 (el mismo año del récord de Muller).