
No se trata de no ahogarse en un vaso de agua, se trata también de no naufragar en el lavamanos…
Mírate al espejo Ignacio (yo te llamo Ignacio pero tu nombre podría ser cualquiera) ¿qué es lo que pasa en tu interior? ¿Qué te aparta tanto de las sonrisas y de la alegría y de la dicha? ¿Qué monstruo poderoso es ese, Ignacio, que está logrando que tu pequeña embarcación naufrague en el lavamanos?
Cada día Dios nos brinda un reportorio de cosas hermosas y bendiciones diversas que están ahí entre tus ojos, a la vista, son tangibles, son ciertas, corpóreas, a prueba de incrédulos…
Míralas Ignacio, hay vida, y la vida surge a ramalazos de luz cuando se tiene fe y ganas de vivirla, pero tú Ignacio te estas perdiendo… te está comiendo esa criatura feroz y te está haciendo naufragar en el lavamanos…
Dejala Ignacio, hacé un esfuerzo radical y decí ya basta, “ya no voy a probar más de esto, ya no voy a llenar mis fosas nasales de esto otro”… no necesiitas mentir, todos nos damos cuenta, aunque no digas ni una palabra y pretendas en las reuniones de amigos que todo está bien, nos damos cuenta de que algo falla…
Tú eres más fuerte que esas tempestades que se levantan en el lavamanos y hacen zozobrar tu pequeña embarcación, pero has perdido la voluntad, lo que equivale a decir que ese hábito clandestino te ha robado la voluntad… y si te roban las alegrías y te las cambian por sonrisas artificiales y te roban la luz del sol y te la cambia por un reflector que sólo ilumina hacia donde tú quieres, ¿cómo harás para detectar las maravilla de Dios sobre la tierra?

¿Cómo harás para darte cuenta que la vida es un hermoso lapso de tiempo que merece ser vivido intensamente? No como un monigote tirado sobre la borda de una cáscara de nuez que naufraga en el lavamanos…
Yo no sé si mis palabras Ignacio (o como quiera que te llames) sirvan realmente para algo, pero es mi única premisa, quiero salvarte de naufragar, porque ya he visto a muchos como tú, íntegros, impecables, caer en ese mismo pozo y no salir más nunca estás hipotecando el futuro, estás viviendo la vida con una personalidad que camina con la ayuda de muletas, te estás matando de a poquito, en cómodas cuotas, lo suficientemente cómodas como para pretender que todo esta bien…
Estàs naufragando en el lavamanos y hay demasiadas manos rozando el tapón…
Existen diferentes actitudes al respecto, pero seamos sinceros, pocas cosas son tan incómodas y poco éticas, como estar a punto de reventar (intestinalmente hablando) y tener que pedir al dueño/dueña de la casa, tienda, restaurante, oficina que visitamos y tirar la frasecita … “Disculpe, me podría prestar su servicio por favor?”
Soy fanático de las Leyes de Murphy, como podrá darse cuenta cualquier cristiano (musulmán, judío, budista, etc.) que lea este blog. Por lo general la “murphyología” se aplica a cosas de trabajo y similares, hoy se me ocurrió meternos más en como Murphy y su ley (“Todo lo que puede salir mal, saldrá peor”) afecta en el ámbito hogareño.
El reingreso de los Talibanes o "El" Talibàn, refirièndose al movimiento, a Kabul, con muy pocas armas, en muy poco tiempo, ante el retiro de las tropas de USA de Afganistàn, vuelve a concentrar la atenciòn, sobre la parte humanitaria (muy importante) y sobre los Talibanes mismos, tras su paso por el poder en los revueltos años del inicio del siglo XX.