La oscuridad no le preocupa. Le preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí le preocupa. La preocupación no. Le es indiferente. Sin embargo, la indiferencia, a Ana le preocupa muchísimo.
La considera una actitud vergonzosa. Aunque la vergüenza no le preocupa. Antes sí, le preocupaba. Pero a ella le da lo mismo el antes y el después; su vida no es un desarrollo enfocado a nada. Por eso la nada no le quita el sueño. El sueño, en cambio, es algo que si le interesa.
A veces se queda toda la noche despierta, pensando en eso, en el sueño. No llega jamás a ninguna conclusión, porque las conclusiones la exasperan. Prefiere los puntos de partida. No por las partidas; sino que por los puntos, como los equipos de fútbol. Aunque no le gusta o no sabe nada de fútbol siempre trata de acumular puntos. No por los puntos en sí; sino por la acumulación.
La acumulación entendida por una cosa sola, no como un cúmulo de otras. Los cúmulos, Ana, si pudiera, los disgregaría. Las cosas tienen que ir separadas; no juntas. Juntas forman otras cosas, y eso trae complicaciones.
Aunque Ana a las complicaciones no les tiene miedo. Lo que le asusta es lo simple. Lo simple no sabe de dónde sale; ahí es donde está el misterio. Aunque los misterios, por suerte, no le interesan.

A Ana le interesa la suerte. Que desgracia. Porque la suerte siempre es escasa. Y si dijera que no le preocupa la escasez, Ana mentiría. Pero mentir no le preocupa. A ella le preocupa la verdad.
Cuando miente no tiene problema; puede decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, no importa, porque la dice mintiendo. Pero cuando habla con la verdad, tiene que andar con más cuidado. Por las dudas, en esos casos dice lo menos posible.
Y después Ana se desdice, así cubre dos posibilidades. Pero no es que se quiera cubrir. Ella hace todo a la intemperie. Y si no hay luna, mejor.
A Ana le gustan las oscuranas. La oscuridad no le preocupa. Le preocupa la luz.
La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí le preocupa.
La preocupación no.
Le es indiferente.

Todos los países latinoamericanos, algunos más otros menos, permitieron el ingreso y tráfico de esclavos desde siempre, a nuestra Centroamérica, habrían venido con la expedición de Jorge de Alvarado en 1526, según se muestra en el Lienzo de Quauquechollan, africanos, esclavos, encabezaban la expedición a la porción salvadoreña de Centroamérica para que fueran los primeros mordidos por serpientes y culebras y advertir de su presencia.
Es complejo, más en un país como el nuestro, donde por lo general nadie se hace cargo de nada y la culpa siempre la tiene el otro. (o “los otros” en el caso de política)
En este paisito nuestro, de tan magras futbolísticas alegrías, la llegada la Copa del Mundo la de a de veras, no las “chabeleadas” que se inventa FIFA para llenar las arcas, nos llena de una dicha increíble y un hormigueo de envidia (positiva ?), a todos aquellos que caemos en el rango de sospecha de tener una chimbomba número 5 en el lugar que debería ocupar el corazón.