… se vale llorar, que llorar también es de hombres. De hombres, mujeres, niños y niñas que lloraron el domingo en el Sergio Torres, unos por los gases lacrimógenos, otros por que entendían que una ilusión se había roto … parcialmente.
Se vale llorar, pero poquito, unos minutos nada más, porque ya hay que empezar a prepararse para el torneo que viene. Y de eso se trata, nos está permitido caernos, pero no quedarnos tirados en el suelo.
Es imperante, eso sí, entrarle con todo a la parte anímica al equipo, este Luis Ángel Firpo es un equipo realmente muy joven, que paseó su gallardía y su enjundia por las dos vueltas regulares, sufrió con algunos equipos rivales, pasó por encima a otros, pero ojo … nunca se “endiosó” como dicen muchos opinólogos que jamás han puesto el culo en las gradas calientes del Sergio Torres Rivera.
Me ha tocado leer y escuchar en medios, como firpense, cosas que realmente duelen, escritas o dichas por pobres asnos que en su vida han pasado por Usulután, pero llenándose la trompa con el asunto de Carabantes y la Sub 21, cuando ni siquiera saben que si Carabantes se iba, Firpo quedaba con un solo portero (Mejía) y sin suplente, y así la misma reglamentación prohíbe jugar … estudien, investiguen.
No se trata de que esto perturbe, claro, los más veteranos ya estamos acostumbrados y hacemos una camándula con personajes de esta calaña … pero los más jóvenes no, de ahí que la parte anímica es vital.
Ahora bien, dentro de esta parte, perdimos con un muy buen equipo que manejó a la perfección algo que nosotros como Firpo, nunca supimos manejar, los tiempos … la presión, y eso, es también algo adquirido por la experiencia.
Nos hace falta al menos un volante con capacidad de esconder la pelota y manejar los tiempos, no arremolinarse todos cuando la pelota no entra en la meta contraria, más bien ordenarse, respirar y seguir empujando.
Y recuperar los lesionados, lo de Nicolás Pérez es vital, pero ni siquiera ha sido operado aún, y ligamentos cruzados es una operación compleja y de lenta recuperación.
Hacia dónde vamos ?
A Primera División, por supuesto, con el mismo esquema, sin desesperarse, con la misma Junta Directiva que trabaja ferozmente, con la misma afición unida en las buenas y en las malas la que no falla nunca aunque nos apedreen el bus en Apastepeque, los que no fallan donde sea, eso no debe caer nunca … Usulután es “la ciudad de la Furia” y debe prevalecer.
Con los mismos jugadores y alguno más, con las mismas ganas, con las mismas ansias de ganar.
Con los mismos y más patrocinadores (si se puede) todos quieren tener su marca en una exposición tal como la del Sergio Torres el domingo, y los canales de oriente están constantemente filmando y sacando notas, eso es periodismo, en el lugar !
Falta un torneo corto completo de Segunda División, contra el ganador de este segundo, jugará la final el ganador del primero y nos va a encontrar más aplomados, conociendo más los rivales y sabiendo donde aprieta el zapato.
El sueño está intacto, solo que el margen de error es menor.
Con altas y bajas, con buenas y no tan buenas, con excelentes y mejores, con tardes calurosas y bochornosas, con malos y peores ratos … Nos verán volver.
Por las buenas, al sitial que merecemos y no baboseamos pidiendo clemencia, ni comprando categorías, ni siendo “equipo invitado” … somos un Grande en segunda y vamos a volver …
… al lugar que merecemos, hermanos Firpenses.
(Fotos El Salvador FC/ Culebrita Macheteada/ Colección particular).
Digamos, supongamos, imaginemos que un día de estos usted amaneció con la idea de desafiar un reto supremo: como por ejemplo, escalar el Everest (digo imaginemos porque para eso se necesita pisto y unas cuantas libras menos de panza ….).
En abril de 1912, las dos terceras partes de los pasajeros y tripulación a bordo del “Titanic” murieron en el hundimiento, sin embargo, una tercera parte, 323 hombres, 324 mujeres y 56 niños, vivieron vidas azarosas y algunos … desastrosas después del naufragio.
La culpa la tuvo mi madre, Ai – Nozomi, venerable anciana a quien se le metió en su obstinada cabeza de campesina japonesa, viuda, con seis hijos varones (mis hermanos), que en lugar de sembrar arroz en los pantanos, había que fabricar micro chips en la mesa del comedor.