Llegamos al borde de la locura
Todo inició en un abrazo contigo,
más veloz aún el sentimiento
que la emoción ...
Eras tú, uno conmigo y no,
No quise resistirme al suspiro
enamorado
No quise detenerme al deseo galopado.
Mi corazón palpitó a toda prisa
Y mis suspiros al por mayor escapaban
Con tu hermosa majestad de hombre
Y tu ternura lista a flor de piel
No había manera de escapar
De tan hermosa forma de amar
Tus ojos dulces me obligaron a deslizar
Pieza por pieza mi vestido.
No hubo en ello resistencia,
Tus manos, apoyo incondicional
Para el proceso sin miedo avanzar,
con tus labios en mi cuello sin poder esperar…
Tus labios con besos tibios
A pesar de los nervios del momento
Me dieron seguridad
Dando holgura al amar…
Quiero recordar perfectamente
Este momento para no olvidar,
tu abrazo quedó estampado en mi,
aprisionando mi corazón, para siempre a tu amor.
Mi vientre te recibió placentero
Y tu lascivia se consumó en un beso intenso,
Tus manos recorrieron mi cuerpo
Que entre respuestas ahora es tuyo.
A la noche nos vence el cansancio de amar
será mañana a la misma hora, al caer el sol
con mi ansia de mujer, de morir en tus brazos,
instante grato …
… hermoso, tú, sutil ocaso.
Soy fanático de las Leyes de Murphy, como podrá darse cuenta cualquier cristiano (musulmán, judío, budista, etc.) que lea este blog. Por lo general la “murphyología” se aplica a cosas de trabajo y similares, hoy se me ocurrió meternos más en como Murphy y su ley (“Todo lo que puede salir mal, saldrá peor”) afecta en el ámbito hogareño.
Antes de empezar la historia en si, quiero dejar claro que soy Católico Apostólico Romano, practicante, no del diente al labio, y que no comparto esta celebración …. Pero vamos! Hay que saber bien, conocer a que nos enfrentamos, para poder rechazarlo …

- Hay cosas que es mucho mejor no haberlas dicho nunca … pensé en voz alta.
- Que dijiste ? – preguntó mi mujer – era algo que querías decirme o solo una manera de decir ?