
De pronto me dices que me necesitas,
y mis labios no tienen la respuesta ,
pero los latidos del corazón lo dicen todo,
por mi ....
De pronto me dices
“Te necesito”
y mi cuerpo tiembla de deseo
por cada una de tus palabras que
salen de esa boca,
Si esa boca que provoca
que me pierde, que me aloca,
que trae a mi mente tus besos,
tus caricias con esos labios
que me han perdido miles de veces
más en los silencios que en las realidades
más en mis fantasías que entre tus brazos.
De pronto con tu estilo propio,
con tu arte de seducción,
me atrapas me rindes y
dentro de mí ,sólo nace
el deseo de ser tuya una vez más
se apoderan estas ganas
que nunca tuvieron un punto final.
Y esto viene de pronto , y
me enciende de nuevo las luces
esas casi apagadas , por los vacíos,
y me voy dando cuenta que el gris
de mis días no es tan gris
porque aún dentro de mis rincones
estas tú, siempre tu
apretado a las ganas de mujer ,
que me enseñaste a sentir.
en tantas entregas , con algo más que placer.

De pronto me dices te necesito
y el deseo tiene destino de perfeccion,
el sonido de cada letra tiene el tono
de nuestra interminable seducción.
vuelve a decirme te necesito
y te llevo a tocar el cielo en una entrega
de mutua necesidad.

La Patria se deshace en chirajos, cada uno se queda con su retazo, ordeñan la vaca hasta vaciarla de leche y luego nuestros “muy intelectuales políticos” pregonan: “No soy culpable, esto es solo persecución política.”

No es que a nuestros jugadores les hayan nacido alas en los pies como al mítico Hermes, los tres pulmones de los “guerreros de playa” vienen con la marca de nacimiento allá en Rancho Viejo, La Pirraya y Barra de Santiago, pero su magia para atajar el último penal gringo y convertir el nuestro … no es obra de Merlín el mago del Rey Arturo.

Debajo del zapato viejo con tres días de uso, los calcetines sucios y tu mirada enfocada hacia ninguna parte, un pedazo de periódico de ayer, reza la noticia ... y habla de ti ...“Mala madre” ... dice.
En el puesto de la policía, donde cumples tus setenta y dos horas en una banca vieja de madera, la gente pasa, va y sale, apurada haciendo nada, encargada de todo, conversadores de cafetería, pero les queda chance para señalarte ... “Mala madre” ... dicen.