
Te miro mirándome
y tú sabes perfectamente bien
que miro que me miras cuando te miro.
Te escucho al hablarme
y me sumerges en un universo de palabras
que me transportan
diferentes
irreverentes
inteligentes
nunca pensé que el eje de mi planeta
iba a enderezarse esta noche
de repente
te conozco desde hace veinte minutos
una década, ayer … una semana
tal vez …
hace tiempos, mañana …
Pero además de estrujar
mi mente
tú me escuchas atentamente
cuando yo te hablo
tengo algo que decir
que son mucho más que palabras
y tú las escuchas …
memorizas
apropias
repites
y es lindo ser escuchado …
no se ..
uno se siente vivo.
Rozo
sin querer tu pierna,
un segundo tal vez
y ambos nos estremecemos
ambos sabemos
que la corriente va por dentro
probablemente no seas la mujer más linda
del universo
te falta busto
pero te sobra cerebro
y me has cautivado
con tu femineidad
tu ser mujer
tanto
que ni siquiera me he detenido
a pensar en tu piel.
Me encantaría llevarte a tu casa
el tiempo pasa rápido cuando
la charla te agrada
y ya es madrugada …
Podés confiar en mí
después de esta noche ..confía
no te voy a insinuar que te entregues
ni nada similar
no quiero entregarme …
todavía
Hemos creado un momento mágico
y eso es lo que más cuesta ...
y hacía mucho que no me divertía tanto
con la ropa puesta …

Nos matan, nos mueren … como diría Sabina, y nosotros hombres también matamos y morimos de amor y diversas circunstancias … Usualmente, muchos hablan de asesinos seriales y gente con la obsesión de matar, lo hemos hecho en este blog … es mayor pot enorme margen la proporciòn de mujeres asesinadas por hombres, pero ellas, algunas de ellas también han matado …
Soy fanático de las Leyes de Murphy, como podrá darse cuenta cualquier cristiano (musulmán, judío, budista, etc.) que lea este blog. Por lo general la “murphyología” se aplica a cosas de trabajo y similares, hoy se me ocurrió meternos más en como Murphy y su ley (“Todo lo que puede salir mal, saldrá peor”) afecta en el ámbito hogareño.
Cuando tenía once años tuve la suerte de conocer, tal vez, al personaje más icónico de mi vida, el que me iba a marcar, a su vez, el resto de mi existencia.