
Hay un lugar donde nunca, donde nunca fui, donde siempre estoy, donde sueño llegar pero nunca voy …
Hay un lugar donde soy nadie, y este alguien tiene unas terribles ganas de dejar de ser nadie, nadie de quien dependa alguno, alguno de los que nunca alcanzan a ser alguien, ser una isla, una roca, una señal de alto, un mojón de kilometraje, un doble cero a la izquierda, un ente independiente, desechable …
Hay una posibilidad, una entre mil…siendo optimista, de que mis pasos caminen esa pista, senda, atraviesen esa montaña, crucen esa selva, que habrá de llevarme hasta ese lugar donde nunca … pero siempre pasa lo que no quiero, y cuando se requiere desesperadamente el sol siempre llueve, siempre sucede eso que no querés, y te inunda el temor de lo que tanto temés …
Y le temo a tus rechazos, a tus malos humores, a tus siempre “noes”, a tu espalda cada madrugada, a tanta realidad repleta de nada, a tantas noches desperdiciadas, a una incertidumbre que crece y un sentimiento que se desvanece, por olvido o más bien por la indiferencia, porque mi presencia no derriba tus barreras.

Y yo me muero de ganas de decirte que estás linda … que he pasado la noche en vela esperando este efímero instante, pero sé que no significa nada para ti, el saber todo lo que tu significas para mi …
Hay un lugar donde nunca …
donde nunca estuve, habiendo estado
donde nunca fui ….habiendo sido
donde nunca alcanzo … a pesar del esfuerzo
donde nunca debimos separarnos …
y ese es tu cuerpo.
Comalapa, 3 15 pm, jueves, hasta el mecate de gente como siempre … Los pasajeros ya subían al área de migración, aunque faltaban todavía setenta y cinco minutos para la hora de salida.
Ya empezaron a caer
a caer, a caer
como mangos bien maduros
a caer, a caer …
Lluvia tropical maldita y bendita, según la época y la óptica, palabras esdrújulas con poco en común.
A saber, si llueve lindo y parejo, sin exageraciones, los campos son una fiesta y un espantapájaros para la sequía nuestra de cada día. Si llueve poco y sin ganas es una maldición para la siembra y para el termostato, porque el vapor de agua que se condensa después, vuelve la ciudad irrespirable.