
Llegamos, llegué, llegaste tarde a una vida que era única y exclusivamente nuestra ...
Porque fuimos creados, creado, creada para pertenecernos y nunca para ignorarnos que es una manera muy dolorosa de pertenecerse.
Pero no coincidimos, coincidí, coincidiste con el tiempo en el que te buscaba donde yo andaba perdido, pedía clemencia a la vida y suplicaba amor a las piedras.
Y apareció, aparecí, apareció alguien que no eras tú, y por aquello de la insondable, diabólica, extenuante necesidad de afecto, recaló en mis brazos con una peligrosísima tendencia a quedarse, y en efecto ... se quedó.
Entonces ahora miramos, miro, miras como el futuro pasó de largo en nuestro presente por no haber sido lo suficientemente perspicaces de coincidir en nuestros pasados, y no podemos, puedo, puedes atribuirle el error más que a nosotros mismos y nuestras mascaras... yo, la que uso para plantearle al mundo exactamente quien no soy y tú... la que usas para protegerte del mundo porque es peligroso andar por ahí mostrando como eres ...
Mostrando que eres tierna a pesar de los disimulos, expresiva a pesar de los escondites faciales, diferente a pesar de las similitudes y linda...
linda como pocas
con una belleza particular, una belleza que incomoda, una belleza que me entorpece más de todo lo torpe que soy, a la hora de decir cualquier cosa, porque no me sale o sale mal... y eso es grave.
Y grave es que nos olvidemos, me olvide, te olvides un día de la existencia del otro cada uno y un sentimiento tan dado a nacer, muera antes de siquiera ver la luz.
Es por eso que decidimos, decido, decides vivir en el escenario de los sueños,
porque la realidad ...
puede ...
y de seguro es ...
mucho más dolorosa ...

(Ariel, joven de dieciocho años, solo en su casa, sus padres vuelven hasta el jueves, ordena, limpia, con mucho ahínco, todo, menos su habitación, se le nota ansioso)
El desarrollo de los tiempos, nos va tratando a las patadas, es un caso muy complicado, el sentir que no pertenecés a nadie, ni a ningún lado; me costó trabajo entender, en definitiva, que en nuestro país la polarización no se basa en “Yo soy derecha” y “Yo soy izquierda” (conceptos que quedaron obsoletos en los 80s) no basta con apoyar una “x” tendencia religiosa, por decir algo, hay que también detestar a “y” o sea la tendencia opuesta …

Para encarar la lectura de este post, es importante hacer notar, que está tratado desde el estricto punto de vista del Vaticano o los Estados Pontificios como un Estado, con un sistema de Gobierno, que encabeza por cierto, el Sumo Pontífice, el Papa, lo que lo convierte su función en algo sumamente dual.