
Vivan Aniceto Porsisoca y Roque Dalton
El Indio Aquino y Pancho Lara
Gerardo Barrios y Prudencia Ayala
Feliciano Ama y Tomás Regalado.
Todos juntos
todos mezclados,
conservadores
y revolucionarios,
libertarios
y represores
Vivan los que no viven
los que fueron
o los que se fueron …
en búsqueda de horizontes mejores.
Vivan los compatriotas
que viven atravesando desiertos
y fronteras de países ajenos
para mantener el flujo de divisas del país propio.
Vivan los que mueren
en manos del “narco”
ante la total pasividad
de nuestros aparatos de seguridad
que lo consideran problema de
tercer o cuarto orden
aunque todos sabemos
que saben más
de lo que dicen
y por prudencia
y no acusar a los que mandan
lo esconden.
Vivan los sindicalistas
que cuidan a sus gremios
más que a sus agremiados,
perdón, más que las cuotas de sus agremiados
y al dinero que les da el Gobierno
para mantenerlos quietos.
De esos dirigentes sindicales
que vivan, aunque ya no existan tales.
Vivan los que no viven
un gol de un equipo de Liga Mayor
sino uno de confines extranjeros
que vivan
y vivan su inocencia
porque de ellos
será el Reino de la Indiferencia.
Porque los pueblos que viven
sus desdichas y sus causas
harán de esas desdichas el origen
de las soluciones
del clamor popular
que viva y voltee
a los ladrones
políticos
corruptos y corruptores.
Que vivan los que no viven
sino que sobreviven
o mejor dicho “sobremueren”
con salarios miserables
si acaso los hay
porque en este paisito querido
aunque nos mientan los políticos
diciéndonos lo que no es
sabemos que lo único que abunda
es el desempleo
el hambre
la inseguridad
y la escasez.
Vivan los que no viven!
para que se oigan y sientan más
sus ideales patrios
las razones por las que
lucharon y luchan
gritaron y gritan
por las que a pesar de todo
empujan ..
y que vivan sus vivas
mucho más que nuestros
superficiales
vivas …
Un agosto al azar de un 1951 cualquiera, llueve sobre Copenhague, es pasada medianoche y Lisaveta Stefanovich espera el relevo del ¨Komitern¨ que deberá trasladarle a una nueva misión, o tal vez al refugio seguro donde pasar la noche.

Recuerdo ese día era el que más esperaba con ansias una alegría me embargaba todo el cuerpo, era un adiós a las tareas, exámenes y demás compromisos que como estudiante era la única responsabilidad que tenía, en fin tres largos meses para descansar, haraganear, jugar.
Juliane Koepcke tiene una de las historias de supervivencia más impresionantes y fascinantes de la selva amazónica. Una increíble buena fortuna, una determinación para sobrevivir y algunos conocimientos básicos de supervivencia aprendidos de su padre jugaron un papel crucial en su relato milagroso.