Mis hijos, de vacaciones y dedicados al ocio, con sobredosis de TV (Grande Cerati !), al llegar a casa, tarde en la noche y agotado, me reciben con la pregunta …
- Papá que está pasando en El Salvador ?
Uno cree que al salir de la oficina, ya terminó de lidiar, con planillas, expedientes y pagos pendientes, y cuestiones complejas ..pero mis hijos, aun pequeños, me esperan con esa pregunta …
No se les puede explicar objetivamente de una tregua entre Gobierno y pandillas el período anterior, menos aún de que ningún Poder Ejecutivo electo democrática e instaurado constitucionalmente debe jamás hacer negociaciones con fuerzas clandestinas beligerantes …menos aún de cadáveres de motoristas e hijos pequeños como ellos llorándolos, así que busco la tangente, para no mentir … pero suavizarlo …
- Quieren que les cuente una de miedo ? – les pregunto.
- A mí no me gustan las de miedo - me dice la más pequeña, mientras los mayores me miran con acuciosidad.
“ Resulta que en la Comarca del Antiguo Valle de la Bermuda, dos bandos en guerra, firmaron la paz, y todos fueron felices y celebraron – por separado- la paz. El único detalle que nadie reparó es que la Paz no surge espontáneamente por decreto, hay que construirla ….
Y los bandos, ambos, no entregaron todas las armas que tenían que entregar, y algunas se enterraron, otras se vendieron a los malos que eran los que llevaban droga a la Comarca, a su vez, en medio de las celebraciones de Paz, se les olvidó que muchos niños ahora crecían sin padre o sin madre, o con la carencia de ambos ...
... hijos de la guerra o de la ruta de escape a USA, que se fueron … y no volvieron
Y su hogar fue la propia calle, donde habían otros jóvenes como ellos, pobres de la más abyecta pobreza, sobreviviendo a penas y con pena … entonces empezaron a robar, y se empezaron a llamar “Mao Mao”, “Salvatruchos locos” …
De los Estados Unidos empezaron a mandar de regreso, a otros jóvenes que habían tenido contacto con pandillas allá, y les hablaron y enseñaron a sobrevivir en dos facciones … la guerra empezaba otra vez.
Los malos, los que traían drogas a la Comarca, vieron que era buen negocio que estos jóvenes las distribuyeran internamente y los jóvenes encontraron en su pandilla una forma de lucro …eso sí, había que dividirse las zonas de venta, así, delimitando territorios, empezaron a matarse entre ellos.
Entonces en base a negociar con los malos, estos jóvenes también se volvieron malos por las drogas, y la violencia creció … y ahora, ellos tienen el control de muchas zonas de la Comarca.
Estos “nuevos malos” son los que mantienen aterrorizada a la Comarca, desde hace dos días … la Comarca es nuestro El Salvador ….y el Valle de La Bermuda, el primer asentamiento de San Salvador”
- Ay papá, y ahí termina ? Eso no da miedo – me dice la más pequeña- no tiene monstruos, ni zombies … ni fantasmas …
“Hija mía – le digo mientras le tomo la perilla dulcemente – está lleno de monstruos, los más terribles … los más sangrientos …
… zombies ? Son los consumidores de esas drogas, muertos en vida, espectros sin alma, que vagan por las calles …
… fantasmas ? El más implacable y grande de todos los fantasmas …
… se llama Miedo.”
-De postre tenemos sorbete, pastel de queso, tres leches y tutti frutti - le dice a uno el mesero, pida uno postre o no, en un restaurante.
Emilia, veinteañera, con la cabeza llena de sueños, estudiante universitaria y alma libre, vive de pronto encadenada a los libros, un trabajo a medio tiempo en la farmacia de la colonia, y en el resto del día, cuidar a su abuelo Jonás.
Y no era linda, o sea, no era una belleza, sino más bien todo lo contrario, con sus gafas gruesas y su cuerpo tan delgado y frágil no llamaba la atención de sus compañeros de universidad a su alrededor.