
Te debo un tonel de explicaciones, mi hijo…
Por ejemplo en este asunto de las guerras que desangran el planeta, es bien sabido que no fue mi mano, mi mano que toma hoy la tuya, la que tiró la primera piedra… pero nuca impedí que otro lo hiciera…
Te debo un tonel de explicaciones, mi hijo…
Por ejemplo en esto de la ecología, es bien sabido que no fue mi mano, la que se encargó de destrozar esta naturaleza que es tan tuya y tan mía… pero nunca impedí que otro lo hiciera…
Te debo un tonel de explicaciones, mi hijo….
Por ejemplo en esto de las religiones, es bien sabido que no fue mi mano la que se levantó para venerar falsos dioses, pero nunca impedí que otro lo hiciera…
Eso sí y que quede claro, que nunca estreché la mano del que provocó guerras y sangre hasta morir, del que el medio ambiente nuestro se dedicó a destruir, de aquel que inventó falsos profetas y vendió salvoconductos al infierno, esas manos no las estreché nunca, mi hijo…
Por eso, con mis manos limpias, puedo explicarte todo lo que te debo.
Te debo un tonel de explicaciones…
Por ejemplo en esto de las drogas, es bien sabido que no fue mi mano la que se dedicó a traficarlas y consumirlas, a destrozar conciencias con sus realidades de mentiras… pero nunca impedí que otro lo hiciera…
Te debo un tonel de explicaciones, mi hijo…

Por ejemplo en esto de la delincuencia y el homicidio, es bien sabido que no fue mi mano la que amenazó a otro para robar sus pertenencias, menos aún para matarle … pero nunca impedí que otro lo hiciera…
Lo que equivale a decir, hijo mío, que soy tan culpable como el que provocó guerras, destrozó ecologías, el que vendió promesas de paraíso, el que traficó con drogas y asesinó a otro para robar sus haberes…
Por mi pasividad, mi falta de acción, mi apatía, mi desinterés, es que soy enteramente culpable…
Y fue por eso que creí, yo padre que soy, que debía darte este tonel de explicaciones a ti, hijo que eres…
… para que tú y tus contemporáneos puedan rescatarnos a todos …
… de esta maldita indolencia.

Cuando Tía Carmela anunció, con dos meses de anticipación su cumpleaños número 50, dejó bien clara una condición:
El payaso Dominó se sentó desolado en medio de la pista del circo, otra tarde más y no había llegado nadie a la carpa.
Leticio vivía desde hacía diez años con su esposa, a la que amaba con la misma intensidad que el primer día, o quizás todavía más, y con su suegra … a la que aborrecía también con la misma intensidad con la que la había venido aborreciendo todos esos años, o incluso más.