Existe un cuento lindo , de momentos pegados , a un deseo , a una dulce realidad que se acomodó en los rincones de mi piel , que el tiempo marco como tatuajes en recuerdos de arrebatados instantes donde fue un solo beso la llamarada de pasión , que nos hizo sentir más de lo esperado .
Erase una vez el dulce sabor de tus besos , que provocaban la humedad dentro de mi, el secreto tan divino de tu respiración deslizándose por mi cuello, la que me hacía temblar de placer, porque tan solo tu presencia me estremecía sin remedio...
Era este mi cuento que hoy se cuenta en silencio , que se ahoga entre sorbos de café y otras tantas de agua, mientras escribo viendo en el horizonte, el último rayo del sol que me recuerda , quien eres tú, y te albergas como si nada en la madrugada en una de esas solitarias , donde llegas sin permiso , como si supieras cuánto te extraño .
Mi cuento en silencio tiene mil razones más para existir , pero la principal es que aún en la lejanía ,siempre tendré el bello pensamiento que me lleva al tiempo perfecto , donde me decías te suena y yo contestaba que si y las seis de la tarde eran las horas de soñar, apretándonos a nuestra piel una realidad que quedó como cuento en silencio !
A las 3:30 am del 5 de agosto de 1962, el psiquiatra de Marilyn Monroe, el Dr. Ralph Greenson, irrumpió en su dormitorio rompiendo una ventana y encontró a la actriz muerta en su cama, con un frasco vacío de pastillas para dormir en su mesita de noche.
“Mirá Natalia, vos sabes como soy yo, que me conocés desde años de estar trabajando aquí en esta oficina de Gobierno, hemos visto pasar lotes de jefes, desde el finado Duarte que era una amabilidad de hombre, aunque le dijeran loco …
Una semana … me escribió, una especie de nota de ultimátum … una semana y ni siquiera un día más, ni una palabra más … es lo que me da de tiempo … para rescatar nuestro amor.