“Un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar. Todos, menos uno” (Rafael Courtoise)
En el punto del horizonte donde nunca se juntan las vías que descansan sobre los durmientes del olvido, se reunieron todos los elefantes del mundo (el animalito que tiene mejor memoria de toda la creación) para olvidar, se reunieron para olvidar… y todos olvidaron menos uno, este elefante les contóa los demás su recuerdo por lo cual toda convocatoria al olvido fue en vano…
Podemos olvidar cosas etéreas y sutiles, los ferrocarriles que circularon alguna vez sobre los durmientes del olvido y eran recibidos con pompa y tambor por señores de levita en las estaciones, hoy son artefactos viejos condenados al olvido,que se encargan de orinar, a la pasada,los perros distraídos… pero siguen existiendo…

El problema estriba en que los seres humanos podemos ser olvidadizos, pero nunca olvidadores, no hay un rio del olvido sino que existe un mar de la memoria… y en ese mar navegan los seres que amamos, las cosas comunes y triviales que perdimos, todos nuestro dolores en orden alfabético y no podemos olvidar, es mas, como es de público desconocimiento, no conviene olvidar…
Porque el olvido está lleno de recuerdos, y dar un paseo por los durmientes del olvido, trae de regreso todas aquellas imágenes, que no se perdieron en estas vías, sino que siempre hacen viaje de regreso en contrasentido…

El ferrocarril del olvido puede partir muchas veces, pero no se marcha nunca...
Y un día sobre los durmientes del olvido, cae el diluvio de la memoria y nos damos cuenta que entre más convoquemos al olvido, más solidos se hacen los recuerdos… todo parece hundirse en la neblina del olvido, pero la neblina se disipa y la memoria sigue vigente, tangible, impecable…
porque el pasado construye muros solidos, pero no existen olvido, cañón o pieza de artillería capaz de demolerlo…
Mientras exista un elefante que recuerde, mientras exista un recuerdo oxidado que se quede prendido en los durmientes del olvido, mientras exista lo más importante de nuestras vidas escondido entre nuestros ojos y nuestros párpados, no hay manera de olvidar…
Y lo que olvidamos es lo vano, lo carente de sentido, lo que nunca tuvo importancia…
A estas alturas mis queridos pasajeros de los durmientes del olvido, hay algo que no debemos nunca olvidar…
…es que no hay
posibilidad de olvido…
Esta es la carta de amor de uno de nuestros bravíos salvavidas, de aquellos que se echan año a año el Paso del Hombre, aunque este año les tocó hacerlo en la tina de su casa vía Zoom, de nombre Ohmar, a su amada Delfina …
La señorita se llamaba Amanda, tenía el pelo largo y recogido en una cola de caballo. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Pasó llorando por el andén izquierdo de la estación del metro, y de las diecisiete personas que cruzó en el camino, doce la escucharon llorar claramente, porque no era un llanto contenido; era un desahogo ... desgarrador.
Juliane Koepcke tiene una de las historias de supervivencia más impresionantes y fascinantes de la selva amazónica. Una increíble buena fortuna, una determinación para sobrevivir y algunos conocimientos básicos de supervivencia aprendidos de su padre jugaron un papel crucial en su relato milagroso.