Esto es para ti, mi siempre sol atrapado en el pasado
Tu el que me perdías en la realidad,
Tu mi refugio de deseos seguros y constantes ....
No te imaginas cuanto te busco en mis sueños,
Cuánto te llaman mis ganas, desde siempre, porque
Siempre vienes como mi refugio seguro de deseos,
Eres y serás, donde me perdí y encontré un día …
Y
Es que a fuerza de placer siempre me desnudaste el alma
Sin necesitar tanto
estremeciste mi ser haciéndome perder el control,
y rendidos el uno por el otro , solo quedaba el deseo,
uno mas pendiente para la próxima …
Refugio perfecto , intocable y silencioso mi sol.
Llenas de vida cada rincón al recordarte,
Con cada beso, me conectabas a la vida,
Y de pronto la nostalgia de mi piel,
Te busca en los sueños del pasado,
Donde tu boca y la mía se perdían,
a la hora del placer en una realidad interminable
Tu mi sol …mi refugio perfecto de deseos
Solo espero un día
Que haya un eclipse donde tú y yo coincidamos
Una vez más ,
Para explicarte a golpe de beso y entrega
Y con cada caricia apretada a ti,
Que tengo ganas de ti,
Como antes…como siempre ….
Eterno sol, de ojos claros
No me olvides por favor,
Y búscame en algún sueño
De esos perdidos donde te den
Un par de deseos que lleven mi nombre.
Y terminen en ganas mutuas,
Porque sigues y seguirás siendo,
Tu mi Refugio seguro de deseos.

Lunes, primer día de la semana me levantó y por la ventana del cuarto del baño que da al patio, hay un árbol de almendro, un sonido me llamo la atención, pero es el viento que sopla contra él y este emite un sonido muy peculiar, también es el hábitat de varios pájaros que se posan en éste para dar sus cantos, ese día en particular un pájaro muy pequeño aspiraba con su larga lengua el néctar de unas flores que estaban en sus ramas, su aleteo eran tan intenso y rápido que los movimientos no se podían observar, fue tan espectacular que me dejó sorprendido, baje al comedor y le dije a mi esposa:
“Sacame de esto Chele, sacame – me dijo con su rostro ya desfigurado aquel amigo – sácame de esto y salvame, estoy podrido por dentro, tengo el cuerpo lleno del más letal de todos los venenos”.
Entré a la oficina de Hacienda, de las Tres Torres, con una carta. Se la mostré a una de las empleadas. Ella me dio los timbres y con una sonrisa llamativa me dijo a quien debía entregársela. Sonreía muy bonito … le correspondí también con una sonrisa y ella entonces me repitió a que oficina debía ir, pero no me moví ….