
Esta vez vengo cansada, de cargar el título de “mi amor”,
no me llames así, tú por favor solo atraviesa mis sentidos
con caricias, dejemos los preámbulos y estremece mi piel
vengo con ganas de comerte a besos
perderme en el abismo de la humedad que provocan
nuestros cuerpos, al estar encendidos uno frente al otro,
no me llames mi amor, hazme el amor …

así arrebatado, insistentemente deseable, pasional,
déjame perder la cordura en tus deseos,
hazme volar la cabeza como solo tú sabes hacerlo,
guía el paso perfecto de nuestra pasión,
endúlzame cada parte de mi piel, vencida en batallas
de ausencias ,de caricias, pero por favor no me llames
mi amor, para no romper el encanto, para no perder
la magia, de lo que somos y hemos sido tú y yo…
Arráncame la ropa con la misma fuerza de la última entrega,
Contramina mis espacios con tu cuerpo de hombre,
Navega en mis labios y quédate ahí, para acariciarte
Más allá de lo que puedas imaginarte,
Traigo una maleta de deseos, dispuestos a entregarse
Al destino ideal, y resulta que una vez mas
Eres tú, por eso mi eterno silencio grito permanente de mi piel,
Tu por favor no me llames mi amor, solo hazme el amor.
Acércate para condenarte a mis caricias, a mi entrega total,
Acércate y vuela conmigo hasta perdernos juntos,
En el momento completo de ser tuya por voluntad, por decisión
Pero, tu solo tu no me llames mi amor, porque a mi me
Me encanta como me haces el amor ....

Para latinoamericanos, nacidos hace ya unas buenas décadas, revolución local (las nuestras, las domésticas) y el encanto de la Revolución Cubana fueron siempre el Norte Cardinal de nuestra Rosa de los Vientos Idealistas.

En aquellas épocas de finales de Siglo XIX e inicios del XX, donde los globos aerostáticos los fabricaban y volaban los franceses (Montgolfier …), los aviones inventaban los estadounidenses (Hermanos Wright) o brasileños (Santos Dumont), y Juan de la Cierva, español, se le da por fabricar el primer helicóptero …
Hace muchos años, siendo apenas un niño, quien hoy es don Américo se fue a su habitación a hacer la maleta más triste de su vida. Su madre, a la que nunca más volvería a ver, le dijo antes de que el hijo partiera: «Nunca traiciones tu origen milanés, Américo, y jamás te irá mal en la vida».