
Ha llegado el momento donde mi sonrisa se perdió en la costumbre
y en el profundo silencio, se fue acomodando el desencanto
pero justo en ese instante acudo al recuerdo intenso
de esa perfección, donde me acomodaba exacto en tu boca
donde me perdía a fin de ser feliz , sin temor a equivocarme
donde una línea tuya me llevaba al infinito de las fantasías,
y ansiaba con el corazón repuesto , engrandecerlo mas
a fuerza de la pasión, que brotaba de nuestros cuerpos,
que nos perdía en ese encuentro único, donde tus deseos
encontraban respuestas en mis ansias de amarte...
hoy en profundo silencio.

Te recuerdo, como transitaste por mi piel sin haber agujerado
mi corazón, como entregarme a ti me lleno de aquella luz
que tal vez nunca fue tan brillante, pero que jamás se opacó
por una lluvia de oscuridad , por llanto de desamor.
hoy en profundo silencio
mi piel sabe aún desearte, mi mente aun sabe viajar donde estas,
mis sueños aun te sienten , cuando la realidad abandona,
hoy en profundo silencio
el corazón , se detiene un segundo y se atreve a darte las gracias
por no haber causado ningún daño , mientras de caricias
me llenabas más que la piel , el alma completa.
en profundo silencio, hoy te encuentro en todo aquello,
donde mi voz, un día te dio un grito en el silencio
y así aprendo de nuevo a volar en mis fantasías
acostumbradas …
donde un día te encontré …
en profundo silencio.

Que poca suerte la de Cristóbal, no pegó en ningún oficio, así que siendo un navegante discreto, del medio de la tabla nomás y teniendo habilidad para parar un huevo, le vendió a la Reina Isabel la idea de que podía descubrir la ruta a las Indias, cerrada por los Otomanos …

Yo debía tener, a lo sumo diez años, pequeño inquisidor, curioso investigador de cualquier cosa que surgiera, en aquellos veranos eternos, cuando todos los primos, en vacaciones escolares, éramos mandados al campo para “endurecer nuestro carácter”.
Brasil era una naciente potencia futbolística de América Latina, de segundo orden, detrás de Argentina y Uruguay, pero con un auge de la industria cafetalera tan grande, que prometió construir “el estadio más grande del mundo” (Maracaná 200 000 espectadores) y que con esa promesa logró fácilmente la sede del primer Mundial de Post Guerra.