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Yo soy un amante de la femineidad, o sea, de todos aquellos rasgos, gestos, voces, actitudes, que hacen de la mujer, mujer…. Esos rasgos están presentes en todas las mujeres, desde la más bella hasta la menos agraciada, y me encanta…como hombre me encanta.

 

He encontrado las voces más femeninas y los rasgos más tiernos de pronto, en las más humildes mujeres de mi país, las luchadoras, las forjadoras de futuro a base del centavo diario, y de pronto rasgos varoniles, fuera de lugar, palabras soeces, aliento a tabaco, fuera de mis cánones de femineidad, en las mujeres de más posibilidades y/o recursos.

O sea no tiene nada que ver con dinero y nivel de educación.

Ahora bien, estas son mis opiniones y conceptos de romanticismo del siglo XVII, no hay que estar de acuerdo con ello, podemos discrepar, si no tenemos diferencias, para que hemos venido a este planeta si no a marcar divergencias en la búsqueda de la verdad ?

Prefiero por ende, el beso tenue al amasijo de lenguas, 

el busto natural a los silicones

 la vellosidad natural a las superficies yermas insípidas

 la belleza de una mujer en estado de embarazo  a la hinchazón anticonceptiva tan fácil de distinguir

las palabras dulces y bien formadas a las bandeadas de camionero en labios femeninos en fin …

Pero sobre todo, combato la tan “fashion” doble moral de nuestras mujeres, en algunas llegan al extremo de hablar como monjas carmelitas descalzas en publico y actuar como hetairas o meretrices en privado, vamos señoras y señoritas, vamos señoras … hay que darle gusto al cuerpo para que no se viva en desánimo, en este país somos pocos y nos conocemos demasiado …

Woody Allen, entre muchas frases soberbias dijo “El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas”, y las preguntas deben encontrar repuesta, nunca habrá nada malo en el hecho de que un hombre y una mujer hagan el amor, me parece mentira que en estas épocas de globalización y evolución tecnológica a zancadas que estamos viviendo, todavía conservemos (cuando nos conviene) moral  de inicios del Siglo XIX.

Tampoco estoy pregonando el amor libre de los setentas, vamos …el umbral del despertar de la sexualidad en nuestras infantes ya ha bajado a once o doce años, no deberíamos mejor instruir a nuestras hijas en algo irremediable, como la llegada de la pubertad y su manejo sano, saludable, a andar pregonando prohibiciones inquisitivas de hace doscientos años ?

Sin lugar a dudas, lograríamos juventudes sexualmente más sanas, menor cantidad de “Oops ! mamá, tengo dos meses sin que me llegue el período”, hombres mejor preparados para el amor y la actividad sexual, deshaciendo los tan gastados tabúes de machismo, de complacerse a sí mismo, y ahí que vea la mujer que hace …. Más conversación frontal, menos “google it”.

Porque mientras tanto, mientras no nos dediquemos al conocimiento de nuestra vida sexual plena …

 las chicas buenas van al cielo, pero las malas siguen yendo donde les da la gana ….

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