(Este post fue escrito hace casi 15 años, cuando la vida y el nacimiento de mi hijo varón, me galardonaron con la medalla de padre … nunca lo publiqué, hoy, este día, cobra aun más, mucho más sentido).
Desde ese sábado de noviembre cuando se te dio por nacer, chiquito, las dudas y las preocupaciones del mundo quedaron del lado de afuera de la puerta, porque desde esa fecha ... un ángel duerme en casa.
Un ángel duerme en casa y eso equivale a decir que me recontraimportanunpunto los abogados y los clientes morosos y las planillas y las proyecciones de ventas y el flujo menstrual de la contadora y el agobio del doce y medio de interés ... es simple y tú, mi hijo, provocas ese milagro.
Pero cuidado, eso no significa que el tarambana de tu padre sólo por estar contigo y pensarte y tratar de enseñarte como suena una guitarra y decir "papá" y "mamá" en justas y democráticas proporciones este por ello olvidándose de todo lo que a trabajo respecta, no ... por el contrario, ahora lucho más porque lucho por ti ...
Y me preocupo más, porque me preocupo por los tres ...
Y todo lo que hago, es por llegar ese momento al final del día en que me encuentre con tu rostro totalmente inmunizado contra las malas vibraciones del planeta que me sonríe indistintamente si el día fue bueno o fue un asco, si tuve escaramuzas con nuestros políticos ebrios y narcos, si hay para supermercado o no, si mi banquero me acosó este día, si los usureros también o tampoco ...
Porque tu sonrisa cura mis des - sonrisas ...
Porque todo tiene sentido después de las 8: 00 pm ... hora de regreso ...
Porque desde hace unos cuantos meses para acá ...
Un ángel duerme en casa ...
El rey Carlos II fue la última esperanza de la dinastía de los Habsburgo españoles, que había gobernado una España en constante expansión durante más de un siglo, y no era mucho en quien confiar. Víctima de décadas de endogamia, desde el día de su nacimiento no se esperaba que Carlos viviera. Cuando su reinado llegó, fue amargo, breve y condenaba todo lo que tocaba.

Cambian nuestros gobiernos cambian, y que poco cambia nuestro país.
Dizque cambian los sistemas económicos cambian, y que poco cambia nuestro bolsillo.
Las oímos “clac, clac, clac” todo el día, en nuestras casas, en la calle, en el súper, la chancleta, calzado popular ideal para climas tórridos nuestros, la que sentimos tan propia y nuestra … no tiene nada que ver en sus orígenes con nuestro suelo Patrio y menos aún con la vecindad.