
No existe
para sumergirte en él
y pretender que su cauce se lleve
tu presencia que me falta
tu ausencia que me sobra
mujer de mi vida
un río del olvido
un borrador de memorias.
No existe
busco en el mapa
y sería tan necesario
para ahogar la falta de aire
para respirar en el exceso de ahogo
que me golpea con destreza
mujer de mi vida
un río del olvido
un leve barredor de tristezas
Si existe, sin embargo
y es parte de tu constante presencia
un mar
un mar de la memoria …
Y este mar de la memoria
devora las aguas de sus afluentes
y el río del olvido
de existir
moriría en su embocadura
Porque a tu fantasma
ese espacio vacío que quedó en tu lugar
no hay quien se acostumbre
y ningún otro sol es tu sol
aunque me alumbre …
Y la nostalgia,
asesina de mierda
siempre es un mal sueño ….

Simón Bolívar, el caraqueño/americano que quiso hacer de la América nuestra un gran país … nuestro, escribía al General Pedro Briceño Méndez “para trabajar por la paz y la unidad en Venezuela, es importante proteger a los amigos sin ofender a los enemigos” … tal vez lo más parecido a un concepto de paz en nuestra América Latina, aunque la frase data de 1827, casi dos siglos atrás.
Estoy tratando de entender un poco la onda, porque resulta que mis amigos más cercanos, ya panzones y calvos, les ha agarrado la pila de ya no jugar futbol, ya dejar de correr tras la chimbomba … y dedicarse al golf.

En casi todas las culturas, tirarse pedos (Diccionario Real Academia: Ventosidad que se expele del vientre por el ano) se considera desagradable, incluso odioso. Y, sin embargo, ha seguido siendo una fuente de alegría sin fin durante siglos especialmente para hombres y niños.