
Escapa un instante, no tardes mucho
evadiendo el encuentro ,
donde apagas el silencio que te quema
la piel, y un poco mas allá cerca del corazón,
escápate en la magia de lo imposible,
ese que sacude
los reproches y lamentos del no puede ser,
rompe el silencio que te quema,
que me quema, en medio de las turbulencias
que nos imponen mas que distancia y tiempo,
al fin y al cabo, borraste mis silencios
con gemidos de placer, de entrega mutua,
escapa en silencio, con la fuerza del deseo,
con la pasión prendida en la mirada
con el brillo sublime y a la vez fuerte
de un sol cautivador,
con desmedida pasión,
escapa del silencio, al que el destino
nos condenó.
Escapa del silencio con la única esencia
perfecta que atrapa en un beso,
ese beso tuyo y mío llamado nuestro,
escapa del silencio
con la fuerza
del deseo pendiente,
el punto seguido de esa historia
donde el sol, siempre brilla,
y quema de vida lo que la lluvia apagó.
Escapa del silencio
en el encuentro de una mirada que aun
por lejana o imposible, te ve al final del arco iris.

Una hermosa mañana de abril, por una callecita de la ciudad, Lucas se cruzó de frente con la mujer perfecta. Tendría unos treinta años, igual que él. No era particularmente hermosa, ni tenía nada especial, pero a quince metros de distancia supo con certeza que esa mujer era perfecta para él.

Antes que dominaran la zona los Iberos (nombre que se les da a los nativos a las orillas del Río Ebro), la zona de Emporio, colonia fenicio/griega enclavada en el Mediterráneo al norte de lo que se llamó Barcino, Badalona y hoy Barcelona, fue desde siempre, una zona muy independiente de lo que pasaba en España (Hispania Ulterior) al sur oeste y Francia al norte.
Braulio, músico solitario de bar en bar, veterano, pelo desmadejado, todas las canciones caben en sus acordes y todos los acordes caben en sus dedos …