Hace algunos años se me desmoronó una idea que muchos salvadoreños dimos por válida durante buena parte de nuestras vidas:
“Los que están ahí saben más que uno”.
Entendiendo por “ahí” cualquier puesto de alta responsabilidad. Desde Casa Presidencial hasta la Portería del Alianza, pasando por el Director de la Policía Nacional Civil, la dirección meteorológica, el policía que lleva al “chucho” olfateador de drogas en el Aeropuerto, el “chucho” mismo o una gerencia de una empresa de éxito. Da lo mismo.
La frase “los que están ahí saben más que uno” suele venir acompañada por el clásico remate “por algo están ahí”.
Veamos, un ejemplo futbolístico que suele ser más didáctico. Siempre estuve convencido de que los directores técnicos saben mucho más que cualquiera de los fanáticos que estamos sentados en un estadio o mirando los partidos por televisión.
Un DT generalmente es un ex futbolista que jugó muchos años profesionalmente, fue dirigido por decenas de otros técnicos, aprendió todo tipo de tácticas, conoce a sus jugadores, sabe cómo se sienten, cómo se llevan, quien le pone huevos, quien padece de diarrea en los partidos difíciles y, por ende, toma decisiones considerando infinidad de variables que la mayoría de los que miramos desde afuera desconocemos.
- Ahhhhh …ese sabe – decimos nosotros alelados desde el graderío.
Sin embargo, la gente suele putearlos gratuitamente por el simple hecho de que el tipo sacó al 9 y puso un defensor o porque armó una línea de tres en el fondo o porque no pone un volante de marca o por lo que fuere.
Yo vivía en esa ilusión ... hasta que un día todo cambió para mí. Aquella máxima de que “los que están ahí saben más que uno” se desmoronó para siempre una noche del Siglo XX …ahí empezó el derrumbe … y la Patria se vino en picada a pesar de que “los que están ahí saben más que uno” …
El problema aparece cuando uno descubre que el mismo razonamiento también vale para los gobernantes. O sea cuando en política derribás el mito de que “los que están ahí saben más que uno”.
Es muy decepcionante descubrir que cuando uno sospechaba que los políticos desde antes estaban haciendo las cosas mal, efectivamente las estaban haciendo mal. Da pánico sospechar que nosotros, los que estamos acá en las graderías de la política, sabemos más que ellos, los que están allá adentro.
Con los partidos tradicionales eso lo sufrimos, por dos razones. La primera es porque de entrada, empezando con la insólita firma de los “acuerdos de paz”, millones de salvadoreños nos dimos cuenta, a los pocos años, que no tenían la menor idea de nada.
Recemos para que se aviven, consulten, lean …
Todo esto nos enfrenta al verdadero problema de fondo: aun sabiendo que “los que están ahí saben más mucho menos que nosotros”, lo único presentable que por ahora tenemos para gobernar un El Salvador democrático y republicano sigue siendo la banda de “the usual suspects”, los sospechosos de siempre, que habitan el tinglado político nacional.
Qué podemos inventar para ayudar a nuestros gobernantes y volver a sentir que “los que están ahí saben más que uno”? Lo único que se me ocurre es pedirles a los mismos israelíes que inventaron el WAZE que fabriquen un WAZE para políticos. Por ejemplo:
El WAZE es una aplicación para dispositivos que les indica a los conductores el mejor camino a tomar teniendo en cuenta que el sistema detecta dónde hay un embotellamiento o un accidente, dónde el MOP cortó la calle para hacer no sé qué cosa o dónde hay un corte de calle, de una comunidad pidiendo a ANDA que por piedad les mande agua, donde hay un roce chiquito de bompers del carro de una señora neurótica y el de un adolescente que pide perdón, pero en lo que llega la aseguradora se traba todo San Salvador.
Necesitamos un WAZE para que el político que “está ahí pero sabe mucho menos que uno” cuando llegue a su escritorio tenga una guía confiable para conducir el país.
Cuando uno le indica al WAZE el destino, sale la voz de gallego o gallega en el aparato que te dice: “Vale. Estamos listos, comencemos, conduce con precaución”. El WAZE para gobernantes podría funcionar con la misma lógica.
“Vale. Buen día Señor Presidente, estamos listos, gobierne con precaución. Vamos a contarle hoy al pueblo que la culpa es de los 30 años anteriores que recibimos?”.
O tal vez: “Vale. Buen día señor Presidente de la Asamblea, vamos ya a buscar el consenso político para buscar construir el mentado edificio Legislativo que tanto le obsesiona?”.
No convendría que el WAZE le dijera “O piensa seguir haciendo nada y navegando con bandera de pendex como han hecho todos, cinco años más?” porque van a terminar tirándolo por la ventana y no vamos a conseguir nada.
Por ejemplo a los partidos:
“Vale. Van a seguir peleándose entre ustedes por los resultados del 3 de febrero, o empezamos a fijarnos en las expectativas de la población?”
"Vale. Que te parece si nos dedicamos hoy a solucionar los problemas del país, y no andar promoviendo la nacionalización de jugadores que de todas formas aun no se pueden incorporar a la Selección?"
De modo que el día en que están por aumentar un impuesto, el aparato debería decirle:
“Vale. Estamos listos, gobierna con precaución. Cómo? Vas a aumentar impuestos? Habías prometido bajarlos. Vas a reconocer otra vez al Gobierno de Maduro? Precaución”
Obviamente, como es un WAZE estaría actualizándose minuto a minuto … y apuntaría a lo más importante …
… las verdaderas necesidades de nuestra población que nuestros políticos desconocen.
Y a El Salvador o lo sacamos del hoyo entre todos, o nos hundimos con él.
“Nunca serás Miss Universo
Te falta busto, te sobra cerebro
No me importa que no salgas en portadas de revistas
si a la hora del amor
sigues siendo tú misma” (Pienso en ti de los pies a la nariz. Rucks Parker).
Escuchame bobalicón, caradura de colección, buscón pero cagón, tu presencia es una obstrucción, tu ausencia es una bendición, promotor de destrucción, mártir de quinta extracción, quien te dijo que si vivimos a las patadas … los salvadoreños vivimos mejor?
Un día de estos, hace años ya, unos cuantos a decir verdad, estando con toda la familia en misa, esas misas para niños que ponen a los chiquitos adelante y el sacerdote que no se las quiere tirar de el “Steve Jobs de la teología” habla en lenguaje coloquial, Monseñor Delgado (que lo maneja muy bien) trataba de explicar a los niños las diferencias entre el cielo y el infierno, el bien y el mal, entre “arriba y abajo”, empezó a preguntar a los niños si preferían ir “arriba o abajo”.