
Esto que llamamos calentamiento global, y que nos tiene la cabeza y “el que te dije” bien tostados, comenzó a expandirse y crecer a fines del siglo XVIII, cuando no bastó la leña para impulsar las máquinas creadas por la Revolución Industrial y fue preciso acudir a la explotación masiva del dañino carbón mineral.
Hacia 1850 el consumo del carbón de mina superó en los países más desarrollados al carbón vegetal, y al despuntar el siglo XX el uso extendido el petróleo se sumó a él.
USA que en 1860 producia 2000 barriles de crudo, llegó en 1910 a 130 millones de barriles.

Esta combinaciònnefasta que iba a destrozar la atmósfera estaba en marcha. Este par es responsable de la desaparición de bosques y la creación de un invernadero invisible sobre el planeta que lo calienta y asfixia. Un siglo después, la tierra se descompone bajo el efecto de sus gases y de muchos otros ataques a granel.
Entre ellos, la acumulación de plásticos casi indestructibles, la contaminación demares y ríos, la deforestación, el riego de venenos químicos, la cacería y la pesca exterminadoras, el crecimiento desmesurado de la población, el despilfarro consumista y la sobreexplotación de productos naturales.

La falta de conciencia humana y la irresponsabilidad política
De pronto, con el aceleramiento en el aumento de casos de cáncer de mama, laproliferación de enfermedades respiratorias, los ciudadanos empezaron a enterarse entonces de la bomba de tiempo que nos acecha, pero hicieron poco por oponerse a ella.
Es imposible luchar contra la contaminación sin la ayuda de la gente, pero la gente solo ayuda si la obligan o si, por casualidad, entiende la trascendencia de sus actos. Los políticos, en cambio, desde hace años han tenido en sus manos el poder e informes científicos que auguran el desastre.
Por desgracia, los intereses chuecos que los sostienen los indujeron a optar primero por negar el peligro y más tarde por reconocerlo, pero pasar a culpar de él a Papá Chus y a causas naturales ajenas a la voluntad humana.

Mentiras. No hace mucho, Donald Trump descalificó con tres palabras un informe que alertaba sobre el inminente acabose: “No les creo”. Por este bárbaro, conviene recordarlo, votaron 62 millones de electores gringos, y por otro bárbaro, el capitán (r) Jair Bolsonaro, 58 millones de brasileños.
China, Rusia y Estados Unidos, principales depredadores, apenas se dan por enterados, y eso que Joe Biden empieza a moverse. Y aquí estamos, 300 años después, en pleno apocalipsis.

Con una investigación que les tomó 8 años, el IPCC (El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o Panel Intergubernamental del Cambio Climático), llegó a una sentenciaque es terminante: estamos creando fenómenos “nunca vistos en cientos de miles de años”. Desfilamos camino al desastre, rodeados por irreversibles efectos del sacudón.
Sube la temperatura planetaria. Hoy es en promedio 1.2 grados más que en la era preindustrial. Si llegamos a 1,5 será una calamidad; si alcanzamos los 2 grados, habitaremos un horno mortal.
Basta con abrir los ojos: incendios por todas partes, aumento del mar, huracanes, inundaciones que nadie esperaba, extinción de especies, lagos putrefactos, selvas convertidas en pasto de ganado, osos que buscan comida en los basureros, ballenas que agonizan en las playas, aves y mamíferos achicharrados...

Actuemos. Salvadoreños, no conocemos nada de nuestro futuro ambiental, nadie estudia nada a la manera del IPCC.
Las ONG verdes deben agruparse y denunciar ante los tribunales los rìos de desechos industriales, los botaderos a cielo abierto, las licencias de explotación dañinas, la reducción del bosque...
Ya nos anunció García Márquez el castigo inclemente que espera a las estirpes condenadas a cien años de soledad …
Y a El Salvador compatriotas, o lo sacamos del hoyo entre todos o nos hundimos con èl.

El alegre y regordete abuelo que se cuela en nuestras casas cada 24 de diciembre es querido en todo el mundo y conocido por muchos nombres. ¿Pero deberías llamarlo Papá Noel, San Nicolás o Papá Noel? ¿Cuál es la diferencia? ¿De dónde vino? ¿Es un santo cristiano o una marioneta corporativa?
Tenía que portarme muy muy bien, buscando un regalo para mi esposa, ya que se acercaba su cumpleaños …

No debe de haber mayor tristeza que la de ser prisionero de tus propios temores, más aún que de tus propios captores …
No debe de haber mayor tristeza que la de no poder confiar en nadie, y mucho menos en los que están al servicio de prestarte una seguridad … confiable.