Cuando alcanzo a ver el sol, a través del agujero que el tiempo implacable dejó en mi zapato, y me doy cuenta de todo lo inútil que ha sido el trayecto caminado, es entonces que me doy cuenta del éxito de mi fracaso…
No malgasten su esfuerzo, escuerzos, mastuerzos, burros con almuerzo, me río y me retuerzo, todos los derechos los tuerzo; asalariados del Infierno, al país le importan un cuerno …

La distancia marcó tanto pero no lo suficiente,
la ausencia impuso momentos pero no aniquiló
la fuerza vibrante de la pasión,

David se levantó muy temprano para ir al cementerio, ese día limpiaría la tumba de sus padres, pero se le hizo demasiado tarde, llevaba una piocha, un azadón y una botella de agua para realizar su actividad; al llegar, el celador le dijo:

El Vaticano, se ha puesto estricto con la cuestión de las cenizas de nuestros fieles difuntos (no santos difuntos, recuerden que si bien solemos decir “no hay muerto malo” no significa que todos mueran en “olor de santidad”).

Pequeño cuento, muy poco de terror, en un solo y breve acto … menos mal!

El Centro de Altos Estudios para el Sarcasmo y Cinismo “Woody Allen”*, ha introducido entre sus temas de currícula, un desafío complejo, la tesis doctoral “24 reglas para convertirse en un Súper Macho”.

Un día de estos, hace años ya, unos cuantos a decir verdad, estando con toda la familia en misa, esas misas para niños que ponen a los chiquitos adelante y el sacerdote que no se las quiere tirar de el “Steve Jobs de la teología” habla en lenguaje coloquial, Monseñor Delgado (que lo maneja muy bien) trataba de explicar a los niños las diferencias entre el cielo y el infierno, el bien y el mal, entre “arriba y abajo”, empezó a preguntar a los niños si preferían ir “arriba o abajo”.

Yo sé. Todos sabemos, que los pescados grandes son otros. Ya sé que son otros los que llenaron de dólares sucios, con las ventas de anfetaminas, los maletines conexión Río, conexión Caracas, los aviones y las cuentas en el exterior.