
En este tirón final, los últimos cuatro meses del año, los dos mundos que hablan inglés —las Islas Británicas y Estados Unidos— se empecinan en una batalla para escoger la palabra más característica del año anterior, la más frecuentada, la más ajustada a los hechos del periodo.

Esto que llamamos calentamiento global, y que nos tiene la cabeza y “el que te dije” bien tostados, comenzó a expandirse y crecer a fines del siglo XVIII, cuando no bastó la leña para impulsar las máquinas creadas por la Revolución Industrial y fue preciso acudir a la explotación masiva del dañino carbón mineral.
Es complejo, más en un país como el nuestro, donde por lo general nadie se hace cargo de nada y la culpa siempre la tiene el otro. (o “los otros” en el caso de política)
Comalapa, 3 15 pm, jueves, hasta el mecate de gente como siempre … Los pasajeros ya subían al área de migración, aunque faltaban todavía setenta y cinco minutos para la hora de salida.
- 
Disculpe caballero – un cliente al mesero de un restaurante – en la lista de postres aparece un Flan “A” pero ya lo conozco, y no es muy de mi agrado … no tiene un Flan “B”?
- Cuanto lo siento señor, no tenemos Flan “B” … es un problema de nuestra cocina política.

No debe de haber mayor tristeza que la de ser prisionero de tus propios temores, más aún que de tus propios captores …
No debe de haber mayor tristeza que la de no poder confiar en nadie, y mucho menos en los que están al servicio de prestarte una seguridad … confiable.