
La primera cita había sido perfecta. Como en esos sueños en donde cuando ponés el pie, aparece el escalón. Esas cosas que ocurren siempre del modo correcto. Los dos venían de experiencias espantosas, de conversaciones vacías en citas que no tenían sentido y no habían llegado al encuentro con expectativas.


Julián abrió los ojos en redondo cinemascope, ojo de pescado que le llaman, sudando, jadeando, en la cama, voltea a ver a su novia, su prometida, con todo listo para casarse en 9 días … Marcia …

Me ha comunicado mi hermana que se va casar … Está bien y a mí qué? Acaso debería afectarme? Debería inmutarme porque un sabandija cara de lelo se inmiscuya en la familia, así no más, sin aportar nada y encima quedándose con una hermana que he cuidado tanto tiempo justamente para que no caiga en manos de un asno como éste?
“El agua no se le niega ni a los presos” – decía un buen amigo, cada vez que alguien le pedía en su casa, un vaso de agua, o cuando nos dedicábamos al buceo, una botellita de agua.