La penúltima vez que salí disparado de un cañón fue cuando Ofelia se mandó a mudar con Maxi, nuestro hijo y me dejó. Harta, cansada de tanta pobreza, para siempre.

Augusto, a gusto en Agosto (que todavía no se llamaba como tal sino Sextil, y de eso se trata esa historia), se regodeaba en su reclinatorio en el Palacio Palatino, refrescándose sus imperiales gónadas con hojas de palma que batían esclavos y esclavas númidas (por las dudas, nunca se supo bien para que lado pateaba el tal Octavio Augusto).

Decía el gran escritor Oscar Wilde “Un buen amigo, es aquel que te clava la puñalada mirándote a los ojos”, George Orwell, solía apostrofar “Vivimos en el mundo de la mentira universal, por lo cual cualquiera que diga la verdad, se convierte de inmediato en un revolucionario”, para rematar el gran dramaturgo español Jardiel Poncela citaba “La objetividad, es el primer paso a la mala educación”.
En un principio, el concepto tomó su tiempo en calar en los ánimos británicos, más cuando los primeros discursos de convencimiento estuvieron a cargo del Presidente del diminuto país a quien a duras penas se le entendía en español, imposible en inglés …
Vení, te cuento, contame, dada la buena aceptación de la primera parte de este post, tal como amenazamos …. Vamos con una segunda, y aún así es una minúscula parte del infinito de preguntas que aún no hallan su repuesta …