
La primera cita había sido perfecta. Como en esos sueños en donde cuando ponés el pie, aparece el escalón. Esas cosas que ocurren siempre del modo correcto. Los dos venían de experiencias espantosas, de conversaciones vacías en citas que no tenían sentido y no habían llegado al encuentro con expectativas.


Llenaba un formato para una solicitud en un banco local, le pareció una eternidad terminarlo, la llenó con su puño y letra, cuando se la entregó a la ejecutiva que lo estaba atendiendo ésta la observó y le dijo:

Señor Ministro de Trabajo … Usted no cree que debería existir una incapacidad laboral por enamoramiento? Acaso no te dan una incapacidad cuando tenés depresión o cuando tenés estrés? Pues yo creo que si vas al médico y le enseñas un folder en el que has escrito cien veces “quiero a Marisa, quiero a Marisa, quiero a Marisa …” está claro que estás enfermo y así no se puede trabajar.
