
Existen en el planeta, desde siempre y seguiràn existiendo, personas con muy poco que hacer y demasiado tiempo libre ( bah! Ociosos, digamos) que se desviven por convertirse en foco de atenciòn y darse aires de mentes superiores a la Historia misma … son los famosos exponentes de las “Teorías de Conspiración”.



La leyenda de Drácula se inspiró en la vida y las torturas de Vlad III, un príncipe de Valaquia del siglo XV, pero la ficción fue superada por la realidad en términos de crueldad salvaje y sadismo asesino.

No, no, no, no nos demos garabato, por más que nos jactemos de ello y la sigamos practicando a diario en todo el continente, Latinoamérica no inventó la corrupción administrativa, ni ha sido el nuestro, el único país que la ha llevado a la categoría de excelencia que desde hace 40 años cultiva.
Y a decir verdad, es un caso de la vida real, del cual obviamente jamás voy a decir nombres, pero quiero narrar la historia, simplemente, para que sepamos, todos, sin distinción de género, que estas cosas… suceden.